Aunque, sin embargo, el arquitecto jamás reconoció públicamente la construcción del Xalet de Catllaràs
Durante décadas, cuando alguien mencionaba el nombre de Antoni Gaudí, la mente viajaba de manera casi automática a Barcelona. A esa ciudad que guarda entre sus calles y avenidas buena parte del legado del arquitecto de Reus. Era el gran maestro del modernismo catalán, el artista que transformó el skyline de una metrópolis y cuya firma quedó grabada en piedra, hierro y cerámica a lo largo de toda una vida de trabajo.
Su relación con Eusebi Güell, el poderoso industrial que actuó como mecenas durante años, nos dejó joyas como el Palau Güell, el Park Güell o la finca Güell. Más allá, en el Eixample, se alzan la Casa Batlló y la Casa Milà, conocida popularmente como La Pedrera, dos edificios que hoy concentran colas de turistas y miradas de asombro.
Sabemos también que su obra, aunque con menor presencia, cruzó los límites de Cataluña. Astorga Comillas y León son municipios que guardan construcciones firmadas por él. Sin embargo, había un rincón que permanecía en la penumbra. Una pieza del puzle que tardó más de un siglo en encajar.
En La Pobla de Lillet, un pequeño municipio de montaña situado al norte de la provincia de Barcelona, existe una construcción que durante años generó dudas. Se intuía que podría ser de Gaudí.
Había indicios, sospechas fundadas, conexiones históricas. Pero nadie lo había demostrado con rigor. Eso cambió en 2026, cuando las autoridades han confirmado oficialmente que el Xalet del Catllaràs es, con todas las garantías, obra del arquitecto modernista.
Se trata de un refugio de tres plantas construido a principios del siglo XX para alojar a trabajadores de una fábrica de cemento cercana. Está ubicado a unos 125 kilómetros al norte de Barcelona, en plena zona boscosa. Durante mucho tiempo, su vínculo con Gaudí se sustentaba en un argumento lógico pero insuficiente: la fábrica pertenecía a Güell, y Güell era cliente habitual del arquitecto. No era prueba. Era deducción.
Para salir de dudas, las autoridades encargaron en 2023 un informe exhaustivo a Galdric Santana, estudioso de la obra gaudiniana y responsable de coordinar los actos conmemorativos previstos a lo largo de 2026, año en que se cumple un siglo de la muerte del arquitecto. Santana abordó el análisis con herramientas técnicas e históricas. Revisó planos de otras construcciones conocidas del maestro, utilizó modelado en tres dimensiones y examinó documentos y fotografías antiguas.
Su conclusión fue rotunda. Gaudí diseñó este edificio entre 1901 y 1908, en un momento intermedio de su trayectoria. Y no lo hizo de cualquier manera. Incorporó soluciones arquitectónicas que entonces solo él empleaba: arcos y bóvedas de características muy concretas, y habitaciones separadas por tabiques colocados en ángulos de 45 grados.
Recursos que sus propios discípulos no adoptarían hasta diez o quince años después. "Lo más relevante es que muestra el nuevo enfoque arquitectónico que Gaudí estaba desarrollando", señaló Santana al presentar sus hallazgos, de los que se hacen eco en Reuters.
Hay, sin embargo, un matiz que enriquece la historia. Todo apunta a que Gaudí proyectó el edificio pero no supervisó su construcción. Cuando se compara el resultado final con el diseño original, se detectan modificaciones. Algo cambió durante la obra, sin su control.
Eso explicaría un silencio llamativo: Gaudí jamás reconoció públicamente este trabajo como suyo. En aquella época, era práctica habitual entre los arquitectos no firmar una obra si el resultado final se había alejado de lo que ellos habían concebido.
No era renuncia, sino la coherencia profesional sobre una edificación que estuvo concebida siempre para alojar trabajadores de la cercana fábrica de cementos Asland, propiedad de Eusebi Güell, el gran mecenas de Gaudí.
Santana apunta que todavía quedan alrededor de diez obras sin atribución definitiva que podrían pertenecer al catálogo gaudiniano. Este hallazgo no cierra un expediente, sino que abre la puerta a nuevas investigaciones.
Cada construcción que se confirma añade matices a la comprensión de un arquitecto cuya influencia sigue siendo objeto de estudio. En mitad de un bosque catalán, un chalet de montaña lleva más de cien años aguardando que alguien le devolviese su verdadero autor. Ahora ya tiene nombre.
Imágenes | Turisme Lillet
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