
El secreto está en la forma en que preparan la patata antes de freírla, y la receta exclusiva de sus salsas
Hay nombres de bares que no dan muchas pistas sobre lo que puedes esperar. O quizá sí, porque tras un genérico de Casa Paco ya puedes intuir por dónde irán los tiros de su oferta culinaria. Otros parecen apuntar a justo lo contrario, anunciar de entrada con letras luminosas la especialidad local; claro que, en ocasiones, la realidad engaña. Porque nada hace intuir que detrás de un sitio como La Mejillonera se escondan las mejores patatas bravas del país.
Todo el mundo en Palencia y poblaciones cercanas conocen de primera mano o han oído hablar de La Mejillonera, un bar que lleva abierto desde 1973 en la calle Soldados, sin haber cambiado prácticamente nada en sus más de 50 años de historia. Sí se va renovando el personal de camareros y cocina, así como la clientela, que generación tras generación va mezclándose con la parroquia más veterana que nunca ha dejado de acudir al que es ya un imprescindible de la ciudad.
La Cervecería La Mejillonera no engaña: entre las especialidades más famosas de su carta están los mejillones, preparados de diversas maneras. Cocidos, con mayonesa, a la vinagreta, picantes a la escocesa... con este bivalvo aquí no se falla, como demuestran también las conchas que decoran las paredes tras la barra. Una barra de las de antes, metálica de batalla, con su desfile de taburetes de toda la vida para los afortunados que consiguen hacerse con un asiento en hora punta. Lograr una mesa baja es ya más complicado, pero no imposible si se llega temprano o se tiene algo de paciencia. Como en cualquier bar de barrio de los que llevan funcionando incombustibles media vida entre los vecinos.
Pero en su no muy extensa carta hay otro plato que ha robado el protagonismo a los mejillones, las patatas bravas. Un clásico del tapeo español por el que aquí se tiene auténtica devoción, como demuestra la infinidad de reseñas que tanto los clientes de toda la vida como los turistas esporádicos dejan en las redes. El comentario más repetido es el de "Son las mejores patatas bravas", de Palencia, de Castilla y León, de España y del mundo.
Como ellos mismos han mostrado en sus redes, en la Mejillonera acumulan cada jornada de trabajo una buena montaña de sacos del tubérculo en un cuarto específico para tal menester; cada año preparan entre 90.000 y 100.000 kilos de patatas bravas. Y tanta cantidad necesita una buena organización en cocina; para ello cuentan con una máquina especial que las lava y pela automáticamente, aunque no a la perfección. Toca repasarlas a mano para quitar los restos de piel y los 'ojos', aprovechando además para cascarlas a mano y dejarlas sumergidas en grandes cubos de agua que se conservan en cámara.
De ahí solo queda ir friéndolas en tandas a medida que van despechándose los pedidos del cliente, rematándolas en el plato con el dúo de salsas; primero una capa generosa de salsa amarillenta muy cremosa, y el toque final de la característica salsa roja, con su toque picante, receta secreta de la casa.
Las bravas, como muchos otros de sus platos, se pueden además pedir para llevar. Además de mejillones y patatas, tienen mucha fama también en La Mejillonera sus bocadillos y las raciones de rabas al estilo de Cantabria, el pulpo o las gambas cocidas. Y todo ello bien regado con cerveza rubia o negra, servida en caña, medio cachi, cachi o cachi-cachi, para los más sedientos.
Cierran los martes y no hacen reservas.
Imágenes | Ayuntamiento de Palencia - @cosasdeandroid
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