Madrid se despide del búnker de la Plaza de España: así es el nuevo Café Cervantes que ha tardado cuatro años en abrir

Las obras se han retrasado más de la cuenta para poder cumplir con los exigentes requisitos del Ayuntamiento

Liliana Fuchs

Editor

Más de cuatro años ha tardado en completarse el ambicioso proyecto de reforma de la Plaza de España, uno de los puntos neurálgicos de Madrid en pleno cogollo turístico y urbano. Fue a finales de noviembre de 2021 cuando se reinauguraba a bombo y platillo, pero había un elemento discordante que estropeaba el nuevo espacio. El entonces conocido como búnker o ballena verde tenía que albergar una cafetería cuya apertura se ha hecho esperar más de lo previsto.

Ya entonces se sabía que el nuevo local se llamaría Café de Cervantes, en consonancia con el Monumento a Cervantes (obra de Rafael Martínez Zapatero y Lorenzo Cullaut Valera, de 1915) que sigue siendo el corazón de la plaza, y uno de los puntos más fotografiados. Y debía cumplir con una serie de requisitos impuestos por el Ayuntamiento de Madrid, aunque en los renders de presentación de la obra tan solo se mostraba una terraza rodeada de zonas verdes. 

Haría falta un concurso público y unas largas, complejas y exigentes obras para que el local viera finalmente la luz. Café de Cervantes acaba de abrir tras las fiestas navideñas sin rastro aún esa terraza, ni tampoco la visión general se asemeja mucho a las recreaciones del proyecto de la reforma.

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Un viejo conocido en la hostelería madrileña

Quien está detrás del proyecto es el Grupo Remigio, un nombre que ya es habitual en el sector hostelero de la capital tras haberse hecho en los últimos años con varias adjudicaciones del Ayuntamiento de locales similares, como diferentes terrazas repartidas por el río Manzanares, destacando el popular Café Río.

Al frente del grupo está Juan Ramos, fundador de la empresa hace ya más de 30 años que comenzó a labrar su imperio con un restaurante en el barrio madrileño de Chamberí. Se han especializado en locales donde las terrazas y el aire libre juegan un papel protagonista, con cartas informales siguiendo las tendencias de moda buscando integrar la oferta gastronómica con la naturaleza. También cuentan con locales en Cádiz, donde pueden aprovechar el juego de la playa, el mar y el concepto de chiringuito más urbano.

La adjudicación del Café de Cervantes, sin embargo, no ha estado exenta de polémicas, con unas puntuaciones finales de los competidores muy ajustadas. Además, el Ayuntamiento retiró del concurso a la empresa Forter Unicorp, que gestionaba el cine de verano y los eventos de Navidad de la misma plaza, descalificando su oferta por ser demasiado “temeraria”.

Aunque inicialmente se anunció que las obras de habilitación del café durarían unos seis meses, la complejidad de las mismas para satisfacer las exigencias del Ayuntamiento han ido retrasado su ejecución, pues no pudieron arrancar hasta el pasado marzo. Un proyecto que ha costado más de un millón de euros para poder montar la rejilla que cubre todo el espacio, poco atractiva en el momento de la inauguración, pero que deberá acoger la cubierta vegetal exigida en los planos propuestos, que además requerirá un mantenimiento constante.

Una carta que no sorprende ni en los precios

¿Qué se come en el nuevo Café Cervantes? Pues un poco de todo y para todos, sin sorpresas y casi con los mismos platos, ingredientes y fórmulas clónicas que se repiten sin cesar en el aburrido panorama hostelero de la capital, y de media España. La idea es la de siempre: ofrecer opciones al gusto de todos, pensando mucho en el turista y abriendo también la oferta a intolerancias, alergias y opciones como el veganismo. 

Los prometidos guiños que anunciaban a la cocina madrileña se limitan, por el momento, a obviedades como la tortilla de patatas, las bravas o los callos, siendo la carta más bien un catálogo de platos típicos de toda España. No faltan las croquetas, el jamón, las gildas, el tomate con ventresca, el pulpo, los buñuelos de bacalao, la ensaladilla rusa, los bastones de berenjena o, cómo no, los torreznos. Y sin olvidarnos de la cansina burrata, que de española tiene poco; con salmorejo inyectado, eso sí. Entre panes, hamburguesas, pastas, arroces y, menos mal, algún guiso, completan la oferta de un menú cuyos postres también son más que previsibles. Ojalá un flan, unas natillas o un arroz con leche.

Si solo se quiere desayunar o merendar, lo más barato es un vaso de leche que sale a 2,50 euros, estando el café más sencillo a 2,80 euros; las ofertas de desayuno arrancan a un precio de 4,20 euros, elevándose según lo que se elija para comer. Una ración de seis churros cuesta 3,90 euros, mientras que las tostas y las porciones de tarta se elevan ya hasta los 7,50 euros. 

Los precios no son baratos, pero tampoco excesivamente caros, en la línea que se podía esperar de un local del Grupo y estando donde está, apuntando claramente al turista y cliente extranjero que está de paso. 

El Café Cervantes abre todo los días, en horario ininterrumpido desde las 8 de la mañana hasta las 2 de la madrugada, abriendo la cocina a las 12.00 horas del mediodía. Un vistazo a su comedor antes de las 13 horas entre semana, cinco días después de su apertura, apuntan a que será más que un éxito con el trasiego de público que pasa cada día por la Plaza de España. Y aún falta por abrir la prometida terraza.

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