Tras entrar en la guía francesa en 2025, el restaurante, en la parte más aislada de Playa Blanca, apuesta por el producto local y por su ubicación como referencias
Hay veces donde los astros se alinean y otras que uno, aunque no crea en la astronomía ni en la astrología, cree que van más allá. Uno de esos sitios astrales, Michelin mediante, es Kamezí Restaurant el, hasta la fecha, único estrella Michelin de la isla de Lanzarote y cuyo salón (y terraza) ve cómo se desparraman, en los días claros, las dunas de Corralejo o el islote de Lobos.
Pero a Kamezí Bistró, que consiguió esta primera presea de la guía francesa en 2025, no se viene solo a mirar. Tampoco a dormir, a pesar de que es uno de los mejores hoteles cuatro estrellas de Lanzarote, contando con Kamezí Boutique Villas, un complejo de bungalows que invitan a pasar desapercibido y que, con los años, ha ido expandiéndose de manera discreta, a pesar de que las primeras construcciones tienen un par de décadas.
Lo que no pasa desapercibido en Kamezí es la cocina que Rubén Cuesta ha puesto en marcha aquí con una idea clara, representar una identidad canaria basada, principalmente, en el mar. Y no era fácil, claro. Rubén Cuesta es manchego, pero desde que llegó a las islas en 2018, tras haberse forjado en cocinas como la de El Bohío, tuvo claro que había encontrado su sitio.
A Kamezí llegó en 2022 para comandar el proyecto gastronómico que el bodeguero Koldo Eguren, responsable de marcas como Ukan, en Rioja Alavesa, tiene aquí dentro del pequeño microcosmos que es Kamezí.
Mucho mar, evidentemente, y una de las mejores bodegas de las Islas Canarias, aguardan en lo que se ha pretendido desde un inicio con un establecimiento que ha ido perfilando en algo más de un lustro su camino. Koldo, de hecho, asegura que "la intención siempre fue tener un restaurante de referencia".
De momento, se ha conseguido, y de momento, Rubén Cuesta da con la tecla de un espacio luminoso, cuajado de blancos y piedra volcánica, que hace de la experiencia Kamezí, especialmente en los meses de verano, una auténtica pasada para cenar mientras se ve Fuerteventura.
Sin embargo, Cuesta y su equipo consiguen algo difícil: que puedas levantar la vista del plato y posicionarse en Playa Blanca, una de las partes más turísticas de Lanzarote, con un gastronómico que podría estar, por concepto, en cualquier parte de España.
De cabras y carabineros
Pero está en Lanzarote. Eso significa gambas y carabineros de La Santa. Significa también dar dignidad a la cabra, el ganado por antonomasia de Canarias, y hablar de batatas –que no de papas–, y de los curiosos calamares saharianos, como así se llaman aquí, tiernos y dulzones, o de ese otro mar que no se ve tan a menudo como lapas y burgaos, de la morena y de la vieja –el pescado arquetípico de las islas–, del peto o de la sama roquera.
Y, además, jugando con sinceridad a la liga Michelin. Kamezí no se pasa de frenada en lo que exhibe ni en lo que sirve. Todo está bueno y todo tiene, sobre todo, sentido dentro de lo que se cuenta. Y, entre medias, todo se apoya en vajillas que también relatan la realidad de quien las ha hecho.
"Contamos historias", explican desde el restaurante, apoyándose en los muchos –y muy buenos, cada vez más– productores de Lanzarote que están convencidos de que el camino para dignificar la isla gastronómicamente es apostar por el producto. Finca Machinda, Finca el Tabayesco, SAT El Jable o los mariscos que Cristóbal Oliver pesca en familia en La Santa, de donde trae el carabinero y las gambas, consolidan esa realidad de un restaurante que, además, "es para todo el mundo".
Restaurante dentro de hotel, pero no restaurante de hotel
"Kamezí está abierto al cliente no alojado", explican. "Hemos notado que hay mucho viajero que nos pone en su mapa y que, aunque no sea un cliente del hotel, quiere venir", comentan desde un restaurante que se ha tomado muy en serio su carácter de faro culinario de la isla.
No es de extrañar. De hecho, durante nuestra cena –Kamezí solo ofrece servicio de noches–, insistían también en "la necesidad de conciliar". De hecho, es parte fundamental de lo que entienden debe ser Kamezí, con más de una quincena de personas en el equipo: "La intención es poder mantener este nivel gastronómico y que el personal esté a gusto".
También, en esa pugna de conciliar y reducir horarios, buscan el equilibrio con el que llegar al alojado, al viajero y al lanzaroteño. "También vienen clientes de la isla, o de otras partes de Canarias, porque para muchos, Lanzarote también es esa escapada, o dependiendo de la parte de la isla en la que estés, puede ser un plan de finde", añaden.
Trabajando con un único formato de menú degustación a 160 euros añaden también que "nos permite contar lo que entendemos gastronómicamente de Lanzarote" y, evidentemente, tiene un perfil laboral detrás: "nos permite ser más sostenibles en horarios y en gestión de producto" reivindicando una isla donde cada gesto de cuidado cuenta.
Kamezí Restaurant
- Dirección: Yaiza · Lanzarote, C. Mónaco, 2, 35580 Playa Blanca, Las Palmas.
- Teléfono: 626 87 36 95
- Precio: 160 euros sin bebida
- Horario: de miércoles a domingo de 19:00h a 22:00.
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