
El pájaro, habitual en Europa central y del este, tiene su ruta migratoria habitual por el mediterráneo, pero un ejemplar ha decidido visitar Asturias
La curruca gavilana (Curruca nisoria) no es un pájaro raro: su estado de conservación es el mejor posible –“preocupación menor” en la escala de la UICN–. Pero, aunque es habitual en buena parte de Europa central y oriental durante el verano, y pasa sus inviernos en el este de África, rara vez se la ve por España.
Hasta la fecha solo hay notificados 14 avistamientos homologados: registrados convenientemente con descripción y fotografías y reconocidos por la Sociedad Española de Ornitología. Durante el siglo XX solo hubo dos, ambos en las Islas Baleares: en Menorca (27 de septiembre de 1983) y Formentera (7 de octubre de 1989). En lo que llevamos de siglo, solo se ha visto un puñado de veces en Castellón, Galicia y tras zonas de Asturias.
Como cuenta David Montañés en La Nueva España, la mañana del 12 de octubre, Clemente Álvarez Usategui se dirigió al parque Aníbal Vázquez, en la Mayacina, como hace casi a diario desde finales de julio, desde que muchas aves migratorias tomaran este espacio como parada en sus migraciones. Ese día se encontró algo que no esperaba ver jamás en Mieres. “Detecté, pude observar y luego fotografiar una curruca gavilana”, asegura en La Nueva España. “Es la cuarta vez que se ve en Asturias y la número 14 en España”.
Para los aficionados a la ornitología, el atractivo de la curruca gavilana reside en su aspecto de rapaz, pese a su pequeño tamaño, que no suele superar los 15 cm de largo. Su plumaje poco llamativo –“color gris plomizo”– hace, además, que sea difícil de identificar lo que hace su avistamiento más desafiante.
Mieres se llena de ornitólogos
El avistamiento, extraordinario, ha provocado una peregrinación de aficionados a la ornitología de toda España. “Vino gente de Salamanca, Galicia, Madrid, Cantabria, Burgos, Aragón… Incluso una persona que cogió el AVE desde Madrid, ida y vuelta en el día, solo para verla”, relata Clemente Álvarez.
Los ornitólogos se presentaron en el parque con todo tipo de teleobjetivos y prismáticos lo que, de primeras, asustó un poco a los vecinos. Hubo varias llamadas a la policía que se acercó a ver qué estaba ocurriendo para encontrarse, con sorpresa, con una panda de fanáticos de las aves.
Imágenes | José Antonio Gil Martínez/Barred Warbler
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