Cocineros profesionales recomiendan evitar algunos platos comunes en multitud de restaurantes porque suelen estar sobrevaluados
La experiencia es un grado, y todos tenemos como clientes de restaurantes una lista negra de cosas que jamás se nos ocurriría pedir, por las razones que sean. Pero, gustos aparte, son los propios profesionales de la cocina quienes saben mejor que nadie qué platos conviene evitar, salvo que nos guste tirar el dinero.
Siempre hay excepciones, pero no hay que ser un experto para darse cuenta de que hay elementos que se repiten en los menús de restaurantes de medio mundo por pura moda, de calidad cuestionable y, lo que es peor, precios excesivos. Un local de hostelería es un negocio y tiene que sacar beneficio, faltaría más, pero hay platos que se han ganado fama por hinchar la cuenta desproporcionadamente sin que merezcan la pena.
No deja de ser curioso que las respuestas de los cocineros consultados por el portal estadounidense Thrillist se puedan aplicar perfectamente también a la restauración en España. Viva la globalización.
Ostras
Se han puesto de moda. Siempre han estado ahí, con su aura de producto de lujo que parecía que solo se tomaban en Francia o en locales de más lujo refinado, pero últimamente no paran de salir locales especializados como setas por todas partes, pretendiendo darle un aire más informal, sin llevar esa informalidad a los precios.
Los expertos aceptan que elaboraciones más completas y completas como unas ostras gratinadas a la Rockefeller salgan más caras, pero consideran indignante cobrar 35-45 euros por un plato de simples ostras dispuestas en un plato sin más.
Carne de Kobe
Omnipresente ya en todas partes, todavía pervive el misticismo y ese aura de exclusividad con la que nos llegó la carne de Kobe a la cocina occidental. O supuesta carne de Kobe, pues ya sabemos que mucha de la que se vende no es exactamente lo que el comensal piensa que es.
La carne estilo Kobe puede ser de calidad o no, pero no significa que provenga de la raza auténtica genuina japonesa, waygu sin cruzar. A menudo, el término en una carta solo significa que cuesta más cara y encima hay locales que aprovechan para vestir de lujo especial a platos en los que una verdadera carne de waygu no tendría sentido, como hamburguesas o tacos.
Trufa
Otro producto del que se abusa, y no precisamente para bien. Hay locales que añaden un precio extra ofreciendo la opción de pedir ciertos platos con trufa negra añadida, y otros que directamente lo incorporan como parte de los ingredientes. De estos segundos conviene huir más, pues a menudo recurren, además, al terrible aceite de trufa o aromas sintéticos que no tienen valor gastronómico ninguno y ocultan el sabor natural del resto de ingredientes.
Además, muchos chefs desaconsejan dejarse llevar por el supuesto lujo que supone pagar 10,20 o más euros por ración solo por recibir unas láminas o virutas de trufa coronando tu risotto, pasta o bao de turno. No suele merecer la pena.
Calamares fritos
Calamares a la romana, rebozados, empanados tipo panko o rabas estilo Cantabria; son una presencia constante en cartas de toda España, y también en muchos otros países, por influencia también italiana, griega y francesa. Los bares de toda la vida donde los siguen preparando bien no son un problema, pero el riesgo aumenta en locales desconocidos y restaurantes con más ínfulas.
En opinión de muchos profesionales, a menudo son un pequeño timo, peor aún si son de quinta gama, que cada vez abundan más. Te cobran por un cefalópodo relativamente barato en el que gran parte de la ración es el rebozado, y eso cuando no te sirven pota o la fritura está mal hecha y ni siquiera llega crujiente y ligera a la mesa. Suelen engordar el precio si añaden algún extra que suena elegante, pero apenas aporta nada, como alguna salsa especial o una mayonesa diferente.
Spicy tuna roll
Si los también repetitivos rolls de atún -o salmón- se anuncian como picantes o con alguna salsa especial y especiada, es mejor sospechar. A menudo se elaboran con las partes más baratas o sobrantes del pescado que quedan cuidadosamente disfrazadas bajo la mezcla de arroz, aguacate, kimchi, cebollino o lo que el local tenga a bien de añadir. La salsa, cuanto más picante sea, más oculta el sabor original del pescado, que se pierde por completo. Aunque eso no impida elevar el precio del plato, claro.
Platos de pollo
En opinión de algunos chefs, cualquier plato de pollo que cueste más de 20-25 euros, es una estafa. Incluso aunque se anuncie como pollo criado al aire libre, local y alimentado con hierbas sin jaulas, “El pollo rara vez le costará al restaurante más que unos pocos dólares por kilo”, asegura el propietario de un restaurante. Ni aunque esté asado a baja temperatura o glaseado con salsa especial.
Imágenes | Freepik/wirestock - Unsplash/Sergio Mena Ferreira
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