
No soy muy fan de estas soluciones, pero en Marsella te puede resolver más de un apuro, sobre todo si subes a Notre-Dame-de-la-Garde
Habitualmente, el turista español está bastante mal acostumbrado a pensar que la mayoría de las ciudades de costa suelen ser eminentemente planas. No faltan razones para creerlo: si echamos un vistazo a la geografía de nuestro propio país, comprobaremos que, en la mayor parte de los casos, cuando hablamos de ciudades turísticas costeras, las probabilidades de andar subiendo y bajando de manera recurrente no son tan abundantes.
Si nos fijamos en la geografía andaluza, nos daremos cuenta de que la mayoría de sus grandes ciudades de costa son bastante llanas. Y, si seguimos por el Mediterráneo, comprobaremos que la situación se repite, con algunas excepciones como Barcelona. Incluso nos sucede en el Cantábrico, donde las principales capitales del norte de España, cuando hablamos de ciudades de costa, tampoco son especialmente escarpadas.
Pero hay veces en las que esto cambia. Si uno va a Portugal y descubre Oporto o Lisboa, se dará cuenta de lo ingratas que pueden llegar a ser para caminar —o placenteras, según se mire— por aquello de pasarse el día subiendo y bajando cuestas. Y eso también es precisamente lo que sucede en Marsella, la segunda ciudad más poblada de Francia, una enorme extensión urbana llena de subidas y bajadas.
Por eso, aunque si me has leído en otras ocasiones ya tendrás claro que no suelo ser muy fan de las turistadas (y el trenecito turísticos es una de las más gordas), en Marsella te recomiendo casi encarecidamente que cojas uno si pretendes hacer lo típico: visitar el Vieux-Port, ver la catedral, subir a la basílica de Notre-Dame de la Garde y conocer algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad.
La razón es sencilla: te puede ahorrar más de un susto. Un susto en forma de cuesta, especialmente si pretendes subir a Notre-Dame de la Garde, la basílica situada en las alturas de Marsella, construida en el siglo XIX y para la que hay que ascender bastante. Desde el Vieux-Port hasta Notre-Dame de la Garde hay apenas un kilómetro y medio de recorrido, pero la pendiente media ronda el 10 %. Es decir, en ese trayecto se salvan casi 150 metros de desnivel. De hecho, en la propia página web de Turismo de Marsella recuerdan que la subidita, dicho de manera fina, se las trae.
Por eso, si vas a Notre-Dame de la Garde, lo más recomendable es coger el autobús 60 (pasa por el Vieux-Port), que te deja prácticamente en la misma puerta de la basílica.
Eso sí, este autobús se llena con mucha facilidad. Por eso, aunque no soy muy amigo de los trenecitos turísticos, reconozco que en Marsella pueden ser un recurso práctico para visitar Notre-Dame de la Garde, ahorrarte la caminata y evitar esperas innecesarias en la parada del autobús.
Imágenes | Marseille Tourisme
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