La peste porcina africana ha tensionado el mercado comunitario con un exceso de oferta que, sin embargo, no acaba repercutiendo en lo que paga el consumidor final
A menudo se acusa, y no sin razón, de lo mucho que vivimos de espaldas al campo y a la agricultura en la mayoría de los casos, poniendo el grito en el cielo cuando los precios de algunos alimentos se disparan, mientras que, cuando esto no se produce, hacemos mutis por el foro y apenas levantamos la voz.
Esta desconexión con el campo, e incluso también dentro del propio campo, hace que a menudo no sepamos ni cuánto valen las cosas ni cuánto cuesta producirlas.
En un año en el que cacareamos —casi nunca mejor dicho— con el precio disparado de los huevos, otros alimentos han sufrido incrementos casi igual de violentos en los últimos meses, pero solo de cara al consumidor final, mientras que el precio que se está pagando a los ganaderos se despeña hasta unos límites que casi hacen inviable la producción. Y esto es precisamente lo que está sucediendo en España con el cerdo blanco.
En una espiral bajista, muy perjudicada por la situación que aún se vive en Cataluña a raíz de la detección de los primeros casos de peste porcina africana en nuestro país, el cerdo español ha ido perdiendo fuelle a nivel de exportación, suponiendo bajadas en la cotización de la lonja del cerdo de capa blanca nacional a finales de 2025.
Aunque las caídas de precio se han estabilizado y en lonja llevan manteniéndose más de un mes, los descensos de diciembre apenas se corrigieron en 2026, con muy pocas cotizaciones alcistas.
¿Quién se va a comer el cerdo que iba a China?
Eso está suponiendo que, casi literalmente, los consumidores españoles nos estemos comiendo ese exceso de producción que estaba destinado a venderse fuera de nuestras fronteras.
A pesar de que hay países como China que han aceptado la regionalización de esta problemática —es decir, siguen comprando cerdo español, pero no cerdo procedente de Cataluña debido a la presencia de estos focos de peste porcina africana en la provincia de Barcelona—, el sector sigue produciendo cerdo.
No se puede, de la noche a la mañana, acabar con cabañas porcinas enormes pretendiendo que, cuando el sistema se recupere, haya margen de maniobra para retomarlo. Menos aún cuando España es el primer productor de cerdo de capa blanca de la Unión Europea –y cuarto del mundo– con cerca de 33 millones de cabezas de ganado, de los cuales, prácticamente un 25% son catalanes.
Por eso, hay un exceso de oferta que están aprovechando los mataderos para no subir los precios del ganadero y que, por tanto, acaban suponiendo que en los mercados y supermercados el cerdo se mantenga caro para el consumidor final.
Pero esto no está trasladándose precisamente a los supermercados. Es lo que protestan organizaciones agrarias como COAG, que insiste en que en los dos últimos años el diferencial entre la granja y el supermercado ha crecido un 179 %. Es decir, ahora mismo el ganadero vende sus cerdos a apenas 1,30 euros el kilo, mientras que en el lineal el consumidor lo paga de media a 6,90 euros el kilo.
Exceso de oferta y demanda que aún no tracciona
Tal y como explicaba Miquel A. Bergés, director del mercado porcino de Mercolleida, la situación es evidente: "Seguimos con los mismos mercados terceros cerrados por la peste y estamos ofertando esta carne dentro de Europa". Una realidad que, además, se puede constatar con la situación que se sigue viviendo en Barcelona, donde en marzo hubo que cerrar todo el Parque Natural de Collserola.
Además, explicaba en el análisis semanal, emitido el pasado 4 de mayo, que "en Europa ningún precio del cerdo se mueve y ellos tienen oferta de cerdos y pesos todavía altos".
Razón que también explica en el corto plazo que el mercado del cerdo no se mueva, aún a las puertas de una temporada tradicionalmente alcista: primavera y verano, donde se reduce el peso del cerdo, así como la oferta y, además, tradicionalmente sube la demanda por las condiciones climáticas en lo que coloquialmente se denomina la temporada de barbacoas. Pero en el campo español, es otro cantar.
Pero el cliente final ni lo nota
Los datos, según COAG, proceden del Índice de Precios en Origen y Destino, donde el ganadero percibe un 28,9 % menos por cada kilo de carne que hace dos años, mientras que el consumidor paga un 6,9 % más desde abril de 2024 hasta abril de 2026, fecha en la que se ha hecho el último conteo.
Y todo, como es evidente, entra en una espiral aún más complicada debido a la guerra de Irán, donde el precio de los carburantes y de la energía ha supuesto un incremento de costes a nivel global desde su escala más básica.
En este caso, COAG reclama al Ministerio de Agricultura la actualización y publicación de los estudios de cadena de valor y costes de los alimentos básicos más consumidos, advirtiendo de que, en el caso del porcino, el último estudio del ministerio es de 2013, “con datos totalmente obsoletos de márgenes y costes de cada eslabón”.
Los avisos de mejora sin embargo, no se producen, aunque desde la lonja de Lleida, la más potente a nivel nacional, donde se venden el 90% de los cerdos españoles.
Dentro de España se apunta a que el comienzo de la temporada de mayo abre la veda para el aumento de las barbacoas y del consumo de cerdo en Europa. La realidad es que el mercado sigue estancado y enfrenta a ganaderos con mataderos, lo que acaba repercutiendo en el precio final que paga el consumidor en los supermercados, creándose un cuello de botella condicionado por el exceso de oferta.
Imágenes | Photo by Barbara Barbosa / Photo by Luke Miller / Photo by Mark Stebnicki / Imagen de wirestock en Magnific
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