El año 2025 no será recordado precisamente por su armonía comercial. Desde sus primeros compases, se vio sacudido por una escalada de tensiones económicas a escala global. Un escenario dominado por la rivalidad entre Estados Unidos, China y la Unión Europea, con una guerra arancelaria que afectó de lleno a varios sectores estratégicos, entre ellos, el agroalimentario español.
La reaparición en la escena política de Donald Trump como presidente estadounidense agitó aún más las aguas. Su enfoque proteccionista reactivó una política agresiva de aranceles, esta vez con una especial hostilidad hacia los productos europeos.
Pero Trump no fue el único actor relevante en este tablero geopolítico. China también respondió con medidas de represalia. Acusó a Bruselas de mantener una política fiscal injusta contra sus vehículos eléctricos y contraatacó con nuevas tasas sobre productos procedentes de Europa. En ese fuego cruzado, el cerdo español, una de las exportaciones más importantes del país hacia el mercado asiático, apareció como uno de los principales damnificados.
Pese a la amenaza, España logró evitar el peor de los escenarios. La interlocución fluida con las autoridades chinas permitió amortiguar el golpe. No obstante, eso no significa que se haya salido ileso. A lo largo de los dos próximos años, las exportaciones de porcino a China tendrán que hacer frente a nuevos aranceles. Sin embargo, estos gravámenes no afectan por igual a todos los productos derivados del cerdo.
Los nuevos aranceles se centran exclusivamente en la carne de cerdo blanco, en concreto la que se vende fresca o congelada, así como sus vísceras o la grasa del animal.
Quedan fuera, de forma significativa, los embutidos –independientemente del tipo de cerdo– pues son un producto comercialmente residual en la balanza comercial entre ambos países y los productos derivados del cerdo ibérico, especialmente los embutidos y curados que componen la gama alta del mercado, como jamones, paletas y lomos ibéricos de bellota.
Los embutidos y curados no entran dentro de los productos que se gravarán con nuevos aranceles.
Una excepción que ha sido recibida con cierto alivio dentro del sector cárnico español, y especialmente en Extremadura, una de las regiones más implicadas en esta producción.
En el epicentro de esta buena noticia está la empresa Señorío de Montanera, líder en la producción de cerdo ibérico puro con Denominación de Origen 'Dehesa de Extremadura', tal y como recoge el medio extremeño Hoy.
Su presidente, Francisco Espárrago, explicó que las autoridades chinas decidieron no imponer aranceles a estos productos gourmet, lo que supone un respiro para los productores que apuntan al segmento más exclusivo del mercado. Este gesto no solo evita un daño económico inmediato, sino que abre la puerta a intensificar la presencia de estos productos en el mercado asiático.
Espárrago destacó que China, además de ser el mayor productor de carne de cerdo del mundo, es también el principal consumidor e importador. El cerdo es un alimento básico en su dieta, junto al arroz. En ese contexto, la apreciación por los productos ibéricos curados de alta calidad sigue creciendo. La decisión de Pekín, por tanto, no solo obedece a criterios diplomáticos, sino también a una lógica de oferta y demanda en un mercado cada vez más gourmetizado.
Gracias al nuevo protocolo, España puede ampliar la lista de productos porcinos autorizados para exportación a China. Este acuerdo refuerza aún más la posición del sector porcino como punta de lanza del comercio agroalimentario español en el mercado chino.
En 2024, las exportaciones de porcino español al país asiático alcanzaron los 1.097 millones de euros, lo que representa el 20% del total de ventas en exportación para el sector. Un volumen significativo que muestra el peso de esta industria y la importancia de no perder posiciones frente a las nuevas reglas comerciales internacionales. En cifras, supone 540.000 toneladas, lo que se traslada también en valor al 12,5% de las ventas exteriores del sector.
El balance final para el sector, por tanto, es agridulce. Hay aranceles, sí, pero no golpean por igual. La carne fresca y curada de cerdo blanco paga la factura de las tensiones geopolíticas.
Sin embargo, el cerdo ibérico, joya de la corona del sector, esquiva el impacto más duro. Al menos, por ahora. La diplomacia comercial ha hecho su parte, pero el tablero sigue en movimiento. Y en este juego a tres bandas, la próxima jugada podría venir de cualquier dirección.
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