Está en un parque natural de Álava y es una de las minas más singulares de Europa: no brota agua, brota asfalto

En el continente solo hay un yacimiento similar a Mina Lucía

Mina Lucia
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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Hoy estamos más que familiarizados con el asfalto. A menudo ni lo pensamos. Nos acompaña en carreteras, calles y aparcamientos, y también en obras y superficies que pisamos sin mirar. Casi siempre nace de procesos industriales. 

Sin embargo, existe otra cara menos conocida: el asfalto puede aparecer de forma natural. Eso es justo lo que ha ocurrido durante milenios en la mina Lucía, situada en el pequeño pueblo alavés de Atauri, donde la roca no llora agua, sino una materia negra y densa que recuerda a la que cubre nuestras vías.

Ese yacimiento se encuentra en la comarca de Montaña Alavesa, dentro del parque natural de Izki. Allí, en un entorno de bosque y silencio, se esconde un mundo subterráneo. La mina estuvo en funcionamiento durante cinco décadas. Después llegó el abandono definitivo, y con él un siglo de oscuridad. Hoy, en cambio, vuelve a abrirse al público con un enfoque turístico que pretende ser riguroso y respetuoso con el lugar.

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El misterio de Mina Lucía

Su historia de explotación arranca en 1872. Esa fecha marca el inicio de una actividad que se mantuvo hasta los años veinte del siglo pasado. No fue un caso aislado. Montaña Alavesa llegó a reunir varias minas de asfaltos naturales, y Lucía es un ejemplo destacado de aquel pequeño distrito minero. Con pico y pala, generación tras generación fue abriendo galerías en la roca, hasta crear un recorrido interior que hoy permite caminar por cerca de 300 metros excavados a mano.

Dentro, la sorpresa aparece rápido. No hace falta imaginar demasiado. De las paredes de la galería sigue emanando asfalto, como si la montaña mantuviera una respiración lenta y oscura. 

Mina Lucia Atauri 6 En la actualidad, el asfalto sigue brotando en Mina Lucía,

No se trata de una filtración de agua mezclada con restos. Es un fenómeno ligado a la propia naturaleza del yacimiento. Sus condiciones de temperatura y humedad ayudan a que ese material continúe brotando incluso cien años después de que se dejara de explotar. 

En este caso, el origen son rocas calizas del Cretácico inferior que contienen, denominadas rocas encajantes, que se impregnan de ese bitumen y que permitían su explotación minera. Al contrario de lo que sucede con el petróleo, para obtener este tipo de asfalto era necesario hacer una minería convencional, con galerías y extracciones de material.

Esa singularidad explica por qué la mina resulta tan especial dentro del patrimonio geológico e industrial. Visitarla es asomarse a un tipo de minería poco habitual. Además, el lugar se considera una rareza a escala continental, ya que se cuenta entre las dos minas de asfaltos naturales visitables en toda Europa. El dato impresiona. Más aún cuando se pisa un suelo rodeado de naturaleza y se piensa en lo poco común que es ver nacer el asfalto.

Mina Lucia Atauri 4 La caliza cretácica de Mina Lucía 'exuda' parte de ese bitumen, donde actúa como roca encajante. ©Turismo de Álava.

Durante su época activa, aquel asfalto no se quedaba en Atauri. Viajaba lejos. Se utilizó en proyectos diversos y muy visibles, lo que demuestra el valor que se le atribuía. Parte del material sirvió para el frontón del cercano pueblo de Maeztu, un uso muy ligado a la vida local. Otra parte terminó en obras de mayor escala y simbolismo, como el edificio de la Bolsa de Madrid. Incluso llegó a varias calles de París, lo que da una idea de la proyección que alcanzaron estos asfaltos alaveses en su momento.

Aun así, la bonanza no fue eterna. La minería del asfalto natural perdió sentido económico con el tiempo. Aparecieron otros materiales capaces de sustituirlo, y el mercado cambió. La rentabilidad se evaporó. Por eso, hace aproximadamente un siglo se abandonó la explotación, dejando atrás herramientas, memoria y un entramado de galerías que quedó en silencio durante décadas.

Lo interesante es que, pese al abandono, el lugar no quedó reducido a ruina inaccesible. Con los años ha pasado a ser un espacio visitable que mezcla turismo industrial y turismo de naturaleza. 

Se entra para entender cómo trabajaban quienes se dedicaban a la minería, y también para observar una curiosidad geológica difícil de encontrar en otros puntos del país. Todo se plantea con una idea clara: divulgar de forma amena y didáctica la vida de las gentes que bajaban al interior de la montaña y el funcionamiento de una minería muy concreta, la de los asfaltos naturales.

Imágenes | Álava Turismo

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