La peste porcina africana ya está en la ciudad de Barcelona y obliga a cerrar todo el Parque Natural de Collserola

Las limitaciones se establecen para evitar que los jabalíes se dispersen más, por miedo al contacto con humanos

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Meses después de que el primer positivo de peste porcina africana (PPA) sacudiera la comarca del Vallès, la enfermedad ha dado un salto cualitativo. Por primera vez, un caso ha sido confirmado dentro del término municipal de Barcelona

No se trata de un foco independiente: las autoridades han aclarado que está directamente vinculado al detectado hace apenas unos días en Sant Just Desvern, municipio colindante con la capital catalana. Una progresión que, aunque esperada por algunos expertos, no deja de ser una mala noticia para un brote que ya acumula varios meses de expansión.

Fue el conseller de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat, Òscar Ordeig, quien confirmó la situación este miércoles. Junto al anuncio del positivo, adelantó que se publicará una resolución oficial para ampliar las restricciones de acceso al entorno natural. 

Afectará a todo el Parque Natural de Collserola y a 18 municipios de su área de influencia, entre ellos Terrassa, Sabadell, Sant Cugat del Vallès, Rubí, Esplugues de Llobregat y, ahora, la propia Barcelona.

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El cierre total del Parque Natural de Collserola

Hasta ahora, el acceso al parque estaba vedado por su flanco norte y por los laterales próximos a los ríos Llobregat y Besòs. Con Barcelona incorporada a la zona de alto riesgo, quedará también cerrado el acceso desde el sur, es decir, desde la vertiente de la ciudad. 

Esto incluye espacios muy frecuentados por vecinos de los barrios limítrofes, como la popular Carretera de les Aigües. Ordeig quiso lanzar un mensaje de tranquilidad: las restricciones afectan al monte, no a la vida cotidiana. Negocios, transporte público y equipamientos seguirán siendo accesibles con normalidad.

¿Por qué estas limitaciones? La respuesta es táctica. Mantener alejadas a las personas del entorno forestal permite que los equipos de captura trabajen sin interferencias. Si los jabalíes se asustan, se dispersan. Y si se dispersan, el virus viaja con ellos. Por eso Ordeig insistió en la necesidad de actuar con contundencia en los próximos días: "Necesitamos poder hacerlo en condiciones y con seguridad". Las capturas masivas son ahora mismo la principal herramienta de contención.

Todo empezó en noviembre pasado, cuando Cerdanyola del Vallès fue identificada como el epicentro del brote. Desde entonces, el perímetro de riesgo no ha parado de crecer. Primero fue un radio de seis kilómetros. Luego fueron sumándose nuevos municipios: Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Sant Just Desvern. Ahora, Barcelona. Cada salto ha obligado a revisar el mapa de restricciones.

Del origen indeterminado al riesgo para un sector económico clave

Lo que sigue sin aclararse es el origen. Dos hipótesis principales han circulado desde el principio sin que ninguna haya sido confirmada. Una apunta a la introducción de carne contaminada en el territorio, vía que ha protagonizado brotes similares en otros países europeos. Otra señala a un posible escape desde algún centro de tratamiento de animales de la zona. Mientras la investigación sigue abierta, la incertidumbre sobre el origen complica también la estrategia de prevención a largo plazo.

El sector porcino catalán sigue la evolución del brote con enorme preocupación. Cataluña concentra una parte muy relevante de la cabaña porcina española y genera miles de empleos directos e indirectos. Es uno de los motores económicos más sólidos del sector agroalimentario de la región. 

La PPA no representa ningún riesgo para la salud humana, ese punto está claro. Sin embargo, para los cerdos es devastadora: la mortalidad en animales infectados es altísima y no existe vacuna disponible. Un contagio en granjas domésticas podría desencadenar sacrificios masivos, cierres de explotaciones y pérdidas económicas de enorme magnitud.

Por ahora, los casos confirmados afectan a jabalíes en entorno salvaje, lo que mantiene una barrera crítica entre la fauna silvestre y las explotaciones ganaderas. Cruzar esa barrera sería un escenario radicalmente distinto. Por eso cada nuevo positivo se sigue con tanta atención, y por eso la llegada de la enfermedad a Barcelona, aunque sea en un jabalí y en un parque natural, es una señal de alarma que nadie en el sector puede ignorar.

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