
La histórica cadena nacida en Barcelona simplifica su nombre, cambia la imagen de sus locales y adopta fórmulas más cercanas al 'fast casual' actual
Hubo un tiempo en que quedar en un Pans & Company formaba parte del paisaje habitual de cualquier centro comercial español. Igual que los videoclubs, los tonos naranja imposibles de los años noventa o las bandejas de plástico marrón que parecían sobrevivir a cualquier golpe.
Ahora la cadena quiere dejar parte de esa nostalgia atrás y actualizarse para competir en un mercado donde ya no basta con vender bocadillos rápidos. Es necesario ahora un cambio profundo para una marca que llevaba años prácticamente inmóvil.
La compañía, propiedad de Grupo Ibersol, ha decidido eliminar el histórico "& Company" y quedarse simplemente en PANS, informa en sus canales. El movimiento no es únicamente estético. Detrás del nuevo nombre hay una transformación bastante más amplia que afecta tanto a la identidad visual como al funcionamiento de los restaurantes.
La cadena busca ahora acercarse a modelos más actuales del fast casual, un segmento donde el diseño y la experiencia pesan casi tanto como el menú. Se trata de una nueva etapa para una enseña muy reconocible en España.
Kioscos digitales
El rediseño incluye cambios en los locales, en el packaging y también en la forma de pedir y consumir dentro del restaurante. PANS incorpora kioscos digitales para tramitar pedidos, servicio de entrega en mesa y refill gratuito de bebidas naturales.
En realidad no se han inventado nada, sino que son elementos que llevan años funcionando en cadenas internacionales y que cada vez tienen más presencia entre consumidores acostumbrados a espacios más híbridos, menos parecidos al fast food clásico de principios de los 2000.
La compañía ha escogido un lugar bastante simbólico para arrancar esta transformación. El primer restaurante piloto se encuentra en Urquinaona, en Barcelona, exactamente donde abrió el primer establecimiento de la cadena en España en 1991.
Ciertamente, hay algo casi circular en volver al punto de partida más de tres décadas después, sobre todo en una ciudad donde muchas cadenas históricas intentan ahora parecer más urbanas, más minimalistas y más de barrio, aunque sigan sirviendo comida rápida.
El nuevo diseño apuesta por espacios más cálidos y contemporáneos, alejados de aquella estética de franquicia acelerada tan habitual en los noventa. Maderas claras, iluminación más suave y una distribución pensada para alargar algo más la estancia del cliente. El objetivo parece bastante evidente: competir no solo con otras cadenas de bocadillos, sino también con cafeterías modernas, cadenas premium y restaurantes rápidos donde la experiencia visual importa mucho más que hace unos años.
El cambio llega además en un momento complicado para muchas marcas tradicionales de restauración rápida. El consumidor actual se mueve entre varias contradicciones: busca rapidez, pero también comodidad; quiere precios contenidos, aunque espera locales cuidados; y consume comida rápida, pero intenta que no parezca demasiado comida rápida. Ahí es donde muchas cadenas están reformulando su identidad para no quedarse atrapadas en una imagen demasiado noventera.
PANS también estrena nuevo claim: "Lo demás puede esperar", una frase claramente pensada para conectar con esa idea de pausa breve dentro de jornadas cada vez más aceleradas. El mensaje abandona el tono promocional clásico y se acerca más a un lenguaje emocional bastante habitual ahora en restauración y retail. Ya no se vende solo el producto, sino el pequeño momento alrededor del producto, aunque sea entre reuniones, compras o pantallas encendidas.
La marca nació en Barcelona en 1991 y durante años fue una de las cadenas más reconocibles del fast food español. Su especialidad en bocadillos la diferenciaba del modelo hamburguesero dominante, especialmente en centros comerciales y estaciones. Pero el mercado ha cambiado mucho desde entonces. La llegada de nuevos operadores, el auge del delivery y el crecimiento del fast casual han obligado a muchas cadenas históricas a redefinir su posición para no quedarse convertidas en una fotografía fija de otra época.
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