Grecia da una lección a España: las mejores patatas al horno no llevan ajo ni cebolla, se hacen con limón

Patatas

Aunque se han popularizado versiones con ajos enteros, la receta original griega es mucho más simple

Liliana Fuchs

Editor

Las patatas al horno son un básico de la cocina hogareña y de restaurantes, de celebraciones y del menú del día, y no hace falta complicarse la vida para que queden deliciosas. En España nos gustan, por ejemplo, las patatas panadadera, con su ajo y cebolla, y también es habitual condimentarlas con un adobo o pimentón, pero los griegos las hacen aún más sencillas. Y quedan riquísimas.

Se conocen como patates sto fourno, o Πατάτες λεμονάτες στο φούρνου, a uno de esos platos básicos de la cocina tradicional griega, preparadas por todo el país a diario, tanto en las casas como en los restaurantes. Se sirven normalmente como guarnición de carnes y pescados, pero también encajan en un menú vegetariano sencillo con tzatziki, verduras asadas o una ensalada griega.

Las patatas a la griega llevan tres elementos básicos que son, como explica Peter Georgakopoulos, la sagrada trinidad de la cocina helena, típicamente mediterráneos: aceite de oliva virgen extra, orégano y limón. En el limón está la clave que marca la diferencia, y como murciana, no puedo más que darle la razón a los griegos.

Hay muchas formas de prepararlas, como ocurre con este tipo de platos humildes, con variaciones en el tipo de patata, la forma de cortarlas, el tamaño o el punto exacto de horneado. Pero básicamente consiste en pelar y cortar en gajos unas patatas de tamaño medio, salpimentarlas y mezclarlas en una fuente con una combinación de aceite de oliva virgen extra, zumo de limón, agua y orégano. Y se asan hasta que están bien doradas por fuera y muy tiernas por dentro, unos 45-60 minutos a 180ºC.

Georgakopoulos tiene un par de trucos: aderezar primero las patatas con un poco de aceite para que la sal y la pimienta se adhieran mejor, y echar en este momento el orégano. La mezcla de aceite, limón y agua se echa en la fuente de las patatas, pero no sobre ellas directamente, para no quitar el aderezo.

Muchas variantes más recientes añaden también ajo, pero normalmente nunca ajo en polvo, como solemos hacer en España. Como en nuestras patatas a la griega, quedan mejor si se asan con los dientes de ajo enteros, pelados. Pero la genuina receta original, sin ajo ni cebolla, ni más especias, ya es perfecta, y sentará mucho mejor a quienes tengan digestiones más delicadas.

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