
Basta sustituir una parte de la leche del típico flan de huevo por nata para obtener un postre original, que encanta a todo el que lo prueba
Aunque el flan de huevo es infalible, hay muchas variedades de este que pueden modificarse añadiendo a la mezcla base otros ingredientes.
La combinación que os voy a enseñar hoy es una de las más sencillas, pero también de las más ricas. Lo único que vamos a hacer es cambiar parte de la leche del flan tradicional por nata para montar. Así de sencillo.
¿Y qué logramos con esto? Pues un flan con una textura algo más densa (que recuerda, claro, a la italiana panna cotta) y si la nata es buena un sabor más intenso. No es ni mejor ni peor, pero una cosa segura es que tenéis que probarlo.
Lo primero que vamos a hacer es preparar el caramelo líquido. Lo único que hay que hacer es colocar en un cazo las cuatro cucharadas de azúcar y dos de agua y dejar que se se caliente muy lentamente sin parar de remover hasta que esté listo. Una vez preparado lo repartimos en los moldes de flan individuales y listo.
Ahora vamos con el flan propiamente dicho. En un bol echa cuatro huevos junto con el azúcar. Mezcla todo y agrega la leche y la nata para montar. Vuelve a batir todo bien y vierte la mezcla en los moldes.
Cocina los flanes a 180ºC sobre una fuente con agua, al baño María, durante media hora o hasta que veas que están bien hechos: puedes comprobar esto pinchando en el flan un cuchillo, si no sale suficientemente seco es que deben cocinarse un rato más. Pasado este tiempo, deja que se enfríen en la nevera unas horas.
Con qué acompañar el flan de nata
Puedes acompañar los flanes con un poco de nata montada, aunque no necesitan más añadidos.
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