De una cocina argentina de 1911 a el congelador: La Besnéta impulsa la primera masa de galleta congelada de España

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En Estados Unidos, tener masa de galletas congelada es algo habitual, pero en España no tanto 

Inés Vazquez Noya

Editor

¿Hay algo más tentador que el olor a galletas recién horneadas llenando la casa? Imagina poder disfrutar de una cookie caliente y en su punto, cuando te apetezca y sin moverte del sillón. Con esa premisa, La Besnéta ofrece la primera masa congelada totalmente vegana para preparar galletas en casa, involucrando también a los niños para convertirlo en una experiencia interactiva y familiar.

La historia de la marca tiene raíces profundas que se remontan a una cocina argentina en 1911, donde la bisabuela de Daniela, cofundadora junto a Albert, transmitió unas recetas tradicionales que hoy, más de un siglo después, han dado el salto al presente.

Sin embargo, apostar por el formato congelado para hornear en casa no respondió inicialmente a una estrategia de mercado. Tras cerrar su tienda física en el barrio de Gràcia en diciembre de 2025, después de 10 años de trayectoria, la intención principal, como explica Albert, era hacer partícipe al cliente de todo el proceso: recuperar el ritual casero del calor, el aroma inconfundible inundando la casa y la diversión de compartir la cocina en familia. Un concepto muy habitual para las pizzas o los helados, pero completamente inexplorado para la repostería en España, convirtiéndose en pioneros absolutos de este formato en el país.

Llevar una masa cruda y congelada al horno y lograr que el resultado compita con el producto ya listo supuso un camino complejo de ensayo y error. Para conseguir que las galletas mantuvieran una textura perfecta —para Albert, algo crujiente por fuera y tierna por dentro—, reformularon por completo las recetas base. Descartaron los aceites industriales, apostando de manera innegociable por el aceite de oliva, incorporaron margarinas ecológicas y ajustaron los azúcares. 

El catálogo actual refleja cuatro variedades fijas muy cuidadas:

  • La clásica de vainilla y chocolate: Auténtica vainilla con trozos de chocolate.
  • Pistacho: Con el fruto seco en forma de pasta y triturado, tiene además un sofisticado contrapunto de frambuesa.
  • Doble chocolate: Una bomba de chocolate intenso coronada con un punto de sal Maldon para potenciar el sabor.
  • Tiramisú: Un guiño en formato cookie a uno de sus grandes éxitos de obrador, con marcado carácter a café.

En sus inicios, abrir un proyecto 100% vegetal implicaba chocar de frente con los prejuicios de un sector que asociaba lo vegano al sacrificio o a un producto soso. Para Albert y Daniela, la marca siempre ha sido una forma de activismo demostrativo: hacer un producto tan sumamente delicioso que nadie eche de menos nada, salvando animales a través del consumo consciente. 

Apostando por una presencia constante en medios desde sus primeros meses de vida y manteniendo unos estándares de calidad innegociables —donde la prioridad para ambos creadores es la calidad de la materia prima antes que el margen comercial, un equilibrio siempre complejo en el mundo de la hostelería—, lograron derribar esa barrera.

Lejos de limitarse a vender la masa base, la marca ha llevado el concepto un paso más allá con sus Packs Creativos: cajas que incluyen no solo las cookies, sino mangas pasteleras con mousses cremosas y toppings crujientes (como frambuesa liofilizada, pistachos triturados o glaseados) para decorar la galleta justo al salir del horno. Bajo su lema "De congeladas a gloriosas", la experiencia se resume así:

Se sacan las cookies directas del congelador y se cocinan en el horno o la freidora de aire, a 180º C durante entre 8 y 10 minutos. La clave está en sacarlas cuando se doran por fuera, aunque el centro parezca blando. Después, se deben dejar reposar 5 minutos para que cojan consistencia. Tras esto, se añade la crema de la manga pastelera y los toppings. Y listo.

A la hora de conseguir galletas perfectas en casa, Albert comparte un consejo de experto pastelero e innegociable: huir del azúcar blanco refinado. Apostar por opciones de mayor calidad, como el azúcar de coco ecológico, marca la diferencia. Y aclara, aunque se emplee como un capricho ocasional, este tipo de azúcar aporta notas melosas y realza el sabor de la galleta, demostrando que cuidar los ingredientes es la clave definitiva para que el resultado en casa sea perfecto. 

Imagen | web de La Besneta 

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