
Es mi fórmula para transformar lo que hay en la despensa y resolver cualquier comida en pocos minutos
A veces la cocina de todos los días no necesita un emplatado perfecto ni pinzas de diseño. Esta ensalada es la prueba de que la comida diaria puede ser informal en su presentación, pero totalmente imbatible en sabor.
La combinación reúne una base de cous cous suelto con la suavidad de la coliflor al vapor y un puñado de hojas verdes. Encima, los trozos dorados de una milanesa vegetal de no-pollo hecha en la freidora de aire aportan esa textura crujiente que transforma un plato sencillo en una comida completa y tentadora.
Todo está ligado con un aderezo simple de aceite de oliva y tahini que une los sabores a la perfección. Estos dos ingredientes se emulsionan con un chorrito de zumo de limón recién exprimido y una pizca de cúrcuma para hacerlo más aromático.
Sin reglas fijas, se puede adaptar la base a lo que haya en la despensa. Si no tienes cous cous a mano, la quinoa por ejemplo suma un plus proteico, mientras que el mijo o el arroz integral funcionan bien para darle una estructura igual de ligera y atractiva. Incluso una base de bulgur o trigo sarraceno encaja bien con la cremosidad del aliño.
Lo mismo ocurre con los vegetales que quieras sumar para enriquecer la textura y el color. Si buscas un contraste crujiente y fresco, unos bastones de pepino, rábano laminado o tomatitos cherry van estupendamente. Si prefieres tonos más dulzones, lo mejor es incorporar calabaza o boniato asado en dados, o saltear unas piezas de brócoli, calabacín o unas judías verdes a fuego rápido en la sartén para mantener ese equilibrio entre lo templado y lo fresco.
En DAP | Ensalada de calabaza y queso feta
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