La acidez del encurtido es la mejor amiga del cacahuete
A veces, los mejores almuerzos o cenas nacen de la experimentación y de romper las reglas convencionales a la hora de preparar un sándwich. Ya sea para salir de la rutina del clásico bikini de jamón y queso, o del de queso con tomate, existe una combinación más audaz e interesante: el sándwich de crema de cacahuete con pepinos encurtidos.
Aunque pueda parecer una mezcla inusual, reúne pilares fundamentales del sabor: la untuosidad de la legumbre, la acidez y el punto salado del vinagre, y el crujiente del vegetal. El éxito está en el equilibrio.
Eso si, el tratamiento del pepino cambia drásticamente la experiencia. Al utilizarlo fresco, este aporta una textura acuosa que puede diluir el sabor; por el contrario, el pepino encurtido actúa como el contrapunto perfecto. La acidez del vinagre tiene la función de "cortar" la densidad grasa del cacahuete para que el bocado final no resulte pesado. Además, el proceso de curado aporta notas salinas y especiadas que potencian todo el conjunto.
En caso de no tener un bote de encurtidos a mano, una estrategia infalible para un encurtido exprés es dejar láminas de pepino fresco con sal durante diez minutos para que suden, escurrirlas bien y condimentarlas con vinagre, aceite de sésamo y, opcionalmente, hojuelas de chile. Este marinado garantiza un efecto crujiente que resiste mejor el calor del pan tostado sin humedecer la miga.
Preparado al momento, este sándwich muestra que siempre que sepamos jugar con las texturas, logramos un plato con carácter.
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