Con tres ingredientes y a prueba de bombas
Siempre que hablamos de gastronomías ofendidas, la italiana se suele llevar la palma para echarse las manos a la cabeza por lo que se hace fuera de sus fronteras. No sabemos por qué, pero siempre da la sensación de que las aberraciones culinarias hacia lo italiano se multiplican a medida que uno se aleja del país de la bota.
Bota que, imagino usarían para dar patadas hasta cansarse al creador de los fettucine Alfredo, una pasta que nada tiene de italiana, pero que es resultona, barata, sabrosa y a prueba de torpes. Vamos, una receta que puedes hacer en cualquier momento, incluso de resaca, donde particularmente la suelo poner en práctica.
Al contrario que sucede con la salsa carbonara o, incluso, con la carbonara bastarda a base de nata, la salsa Alfredo no necesita ni huevo ni nata, sino una buena cantidad de queso y mantequilla. En cierto modo, es una evolución de la clásica salsa cacio e pepe, aunque no es lo mismo.
Lo primero es hervir la pasta, que debería ser una pasta larga al huevo, y luego, simplemente hacer una salsa muy sencilla, calentando un poco del agua de la cocción en una sartén, añadiendo mantequilla, y dejando que se derrita.
Cuando ya está derretida, añadimos la mitad de queso rallado y dejamos que se funda por completo, ayudados de unas varillas. Ahí incorporamos la pasta –bien escurrida– y, si lo necesitamos, algún cucharón de agua para que tenga una textura cremosa. Integras más queso rallado, remueves, le das el toque de pimienta y ya lo emplatas con, si quieres, aún más queso y más pimienta.
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