BoBa llega a Barcelona con una estética infantil y texturas suaves que triunfan en redes. Pero bajo la dulzura se esconde una propuesta más seria de lo que parece
Hay helados que refrescan, otros que sorprenden y algunos que se viralizan sin remedio. BoBa pertenece a esta última categoría. Desde su llegada a Barcelona, este nuevo local se ha convertido en una especie de santuario del ternurismo: colores pastel, formas redondeadas, y helados que parecen salidos de un animé japonés. Se define como el primer zoo de helados, ahí es nada.
Pero sería un error subestimarlo. Detrás de esa estética naïf, hay una propuesta muy bien construida: sabores equilibrados, texturas hipercremosas y una clara intención de ofrecer una experiencia más sensorial que gastronómica. Porque BoBa no quiere solo gustarte: quiere que lo recuerdes, que lo sientas como un peluche frío.
Lo que más destaca no es el sabor sino la forma, el resultado final. Es un helado que no se muerde, se acaricia con la lengua con el placer de ir deconstruyéndolo (ahora un ojo, ahora una oreja). Esa suavidad extrema, más cercana al mousse que al sorbete, genera reacciones casi afectivas. La semsación más común se parece a la de abrazar un postre, y no es exageración.
Estética de lo tierno
El local también está diseñado para la experiencia sensorial: paredes suaves, iluminación tenue, detalles que invitan más a la contemplación que al consumo rápido. Todo el concepto gira en torno a la idea de lo tierno, en todas sus formas. Incluso los toppings parecen diseñados para despertar el instinto de protección.
Aquí no hay helado de panceta ni espuma de mojito. Lo que hay es sésamo negro, té matcha, yuzu o vainilla de Madagascar, todos trabajados en base a los principios de la cultura asiática de la que proviene este concepto de infantilizar hasta los helados.
Para buscadores de experiencias virales
El éxito ha sido inmediato. Las colas son habituales, especialmente los fines de semana, y el local ya es parada obligada para los buscadores de experiencias virales. Pero lo interesante es que, a diferencia de otras modas, BoBa no parece tener prisa. Su expansión es lenta, su carta es breve, y su identidad, muy definida.
Puede que no sea el mejor helado de la ciudad si se mide solo por sabor. Pero es probablemente uno de los más coherentes. Cada detalle, desde la cucharilla hasta el nombre, responde a una narrativa cerrada. Y eso, en un mercado saturado de ideas inconexas, se agradece.
BoBa no vende helado. Vende una sensación: la de volver por unos minutos a una ternura casi infantil. Y aunque eso no sacie el hambre, sí alimenta otra cosa más escurridiza: la necesidad de sentirnos a salvo en lo pequeño, lo suave, lo dulce.
Boba Barcelona
- Dirección: calle de Ribes, 33, Barcelona.
- Teléfono: 641 50 12 20
- Precio: 8 €
- Horario: De jueves a martes, de 13 a 21 h.
Foto | boba_barcelona
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