El restaurante de Torrent con 150 años al que peregrinan los valencianos por sus almuerzos a 8 euros y arroces a la leña

LaCurra es un local emblemático a pocos kilómetros de Valencia donde la quinta generación mantiene más vivo que nunca un local que es mucho más que una casa de comidas de pueblo

Liliana Fuchs

Editor

Suele ocurrir que los establecimientos más emblemáticos de una población pasan desapercibidos a los visitantes pasajeros. Sitios míticos para sus vecinos que no necesitan ni publicidad, ni presentación, a menudo perdidos en medio de la nada y fuera de guías y rutas turísticas, pero que llenan cada día sus comedores hasta reventar. Es el caso de LaCurra, un histórico de Torrent y de toda la provincia valenciana.

Casa LaCurra, o, simplemente, Ca Curra, como muchos aún lo conocen, abrió sus puertas hace más de 150 años y lleva desde entonces al pie del cañón como un negocio puramente familiar que nunca ha dejado de apostar por la cocina local. Con la quinta generación al frente, apenas ha cambiado la filosofía y la oferta de un establecimiento que no destaca especialmente por fuera, con su discreto aspecto de casa de comidas de pueblo de toda la vida, pero que sí ha sabido en cierta manera adaptarse a los nuevos tiempos sin renunciar a lo que mejor saben hacer: dar de comer muy bien a precios populares. Pero no es solo un restaurante de pueblo más.

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De casa de comidas de huerta al ecosistema LaCurra

Todo arrancó allá por 1870 cuando el matrimonio formado por  Leonor Moncholí Vilanova 'La Curreta' (1836-1913)  y Joaquín Alba Cassany (1845-1925) inauguraron en plena huerta valenciana, a cinco kilómetros de la localidad de Torrent, en la comarca de l'Horta Sud de la provincia de Valencia, la Casa LaCurra, sin otro ánimo que cocinar y servir lo mejor que estuviera a su disposición para servir al comensal.

Con unas instalaciones humildes que, aunque han cambiado con el tiempo, mantienen su esencia tradicional de arquitectura popular de pueblo, LaCurra ya despuntó en sus inicios como lugar donde almorzar bien a buen precio, y donde destacaban sus pronto famosos arroces a la leña. Dos reclamos que han mantenido a lo largo del tiempo y a los que habría que sumar más tarde, como otra de las patas clave del negocio, el horno obrador.

Porque, como lo ha llamado José Alba, representante de la quinta generación que sigue al frente de este negocio familiar, LaCurra es un ecosistema, un engranaje perfectamente engrasado formado por bar, restaurante, horno y escaparate de productos propios en los que destacan los dulces, siguiendo la tradición chocolatera de Torrent. Un ecosistema que, como defienden los herederos de sus fundadores, también lo forman todos los empleados, cada uno en su puesto y con su función. Son ellos los que cada semana mantienen con vida uno de los lugares más queridos por la clientela local y de los pueblos cercanos, en su mayoría trabajadores de la zona que necesitan recargar energías, pero también familias que acuden los fines de semana en busca de sus famosos arroces o carnes a la brasa.

Almuerzos populares a precios populares

Cuando se atraviesa la puerta principal de LaCurra, es posible que se te crucen decenas de apetitosos olores en tu camino. Y, si llegas en hora punta, que suele ser casi siempre desde que arranca el servicio, te encontrarás con una cola en ese mismo espacio. Es en el pasillo donde, tras una barra presidida con un gran cesto de barras de pan, se preparan y despachan los famosos 'almuerzos populares', directamente salidos de las brasas, a ojos del cliente.

La oferta de esos almuerzos varía de una semana a otra, pero suele estar compuesta de patatas fritas a la leña, el típico blanco y negro con pisto, tortillas, esgarraet, ensaladas, carnes, caldereta de cordero, calamares a la romana, all i pebre, bacalao rebozado o magro con tomate; se puede pedir en plato o bocadillo, para llevar o tomar en el comedor, y se sirve con cacao i olives (cacahuetes y aceitunas), bebida y café. Todo por solo ocho euros.

Quien prefiera algo más completo, y eso que las raciones de los almuerzos son más que generosas para saciar a los trabajadores hambrientos, puede optar por el menú del día, que va cambiando también de lunes a viernes, con primer plato, segundo y postre a un precio de 13 euros; ensalada, pan, bebida y café incluidos. La oferta es reducida, pero más que suficiente: todos los días hay paella valenciana además de otro plato cambiante para elegir de primero (sopa, fideuá, lentejas, arroz al horno, habichuelas); la oferta del segundo es fija, chuletas de cordero, lomo pechuga de pollo o pescado del día. Y de postre, flan casero, helado, fruta o tartas variadas.

Los fines de semana y festivos también preparan menús especiales de temporada, más pensados para comer sin prisas en familia, en los que las estrellas de la carta son los arroces a la leña y las carnes a la brasa, sin olvidar los muy celebrados postres caseros que salen a diario del obrador anexo, la tercera pata del ecosistema que, quizá, es aún la menos conocida.

Porque LaCurra hace su propio pan, sus propios postres y sus propios dulces, con las recetas típicas de toda la vida de esos postres caseros de la abuela, y también siguiendo el calendario de temporada, con un surtido que se puede comprar directamente en el mostrador de la tienda sin tener que pasar por el restaurante.

Un mundo dulce entre tradición y vanguardia

Rollets d’anís, pastissets de boniato o cabello, panquemaos, orelletes, rosegons, mantecados, paciencias, cocas, roscón de reyes... la vitrina golosa de LaCurra es un festival de dulces tradicionales que despiertan la nostalgia de los valencianos, manteniendo vivas recetas familiares que saben realmente a la repostería de antaño, siendo, además, fieles al calendario. 

Pero también salen del obrador bombones y chocolates de autor, refinados milhojas, tartas variadas o los famosos 'prensados', elegantes postres con una base crujiente coronada con diversos tipos de ganaché de distintos sabores, quenelles de chocolate, fruta fresca, toffe... Lo que salga de la inspiración y las manos de José Alba, el más joven de los hermanos que, junto a Francisco y Jesús, siguen al frente del negocio familiar y que se ha convertido en un maestro pastelero y chocolatero que, en formación constante, incluso imparte también talleres y cursos.

Alba lleva, de hecho, los últimos años formándose en el refinado y complejo arte del chocolate, llegando a participar en el campeonato al Mejor Maestro Artesano Chocolatero organizado por el Gremio de Maestros Confiteros, que en la edición 2025 ganó Albert Daví. De sus manos salen verdaderas obras de arte de cacao, figuras únicas y monas que son esculturas de chocolate que combinan tradición con ciencia, técnica y creatividad. No en vano tiene un doctorado en Ciencia, Tecnología y Gestión Alimentaria y ejerce de investigador y docente en su proyecto paralelo, el Centro de innovación gastronómica jaVOREMlab.

La larga trayectoria de LaCurra y su merecida fama, ganada a pulso solo mediante la constancia en el trabajo bien hecho, ha tenido su recompensa no solo ganándose una masa fiel de clientes, sino también con reconocimientos recientes, como el Premio Carta de Poblament Ciutat de Torrent 2025 a la Trajectòria Professional y el Premio Especial Cacau d'Or 2025, el cual ha despertado, además una nueva legión de seguidores que acuden desde localidades cada vez más lejanas en peregrinación para probar alguno de sus manjares.

Más de 150 años de un negocio familiar de raíces populares que ha sabido crecer y modernizarse, pero solo lo justo y necesario. Cuando un ecosistema funciona, cualquier alteración puede trastocarlo todo. Y LaCurra parece tener mucha cuerda para rato.

Imágenes | Casa LaCurra - José Alba

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