Este sencillo restaurante de hotel basa su éxito en una carta de cocina de platos del Alto Alentejo, en productos de temporada y en una agradable terraza
Hubo un tiempo en el que la mayoría de los comensales llegaban a los restaurantes llamados por su oferta, quizás también por su localización o por unas instalaciones particularmente acogedoras. En la mayoría de los casos no hacían falta nombres reputados al frente de los fogones o menciones en unas guías que la mayor parte de los clientes no manejaban asiduamente.
El tiempo pasa y los modos que tenemos de relacionarnos con los restaurantes se transforman, pero aún así, siempre se agradece encontrar uno de esos lugares de propuesta atemporal, en los que el centro de atención está en los platos que salen de la cocina. Si ese lugar, además, está situado de manera estratégica, todo se alía para convertirlo en una de esas referencias que todos agradecemos tener localizadas cuando salimos a la carretera.
Portagem no es un lugar particularmente turístico. Tiene, sin embargo, una localización envidiable. A 8 kilómetros de la frontera, en la carretera (N-521 del lado español) que une Cáceres con el centro de Portugal, el pueblo está a menos de hora y media de las capitales de provincia de Extremadura, pero también de Évora, la principal de ciudad del Alentejo, y es un lugar de paso para quien, desde esa parte de España, se dirige a Lisboa.
Solo por eso, ya valdría la pena tener localizado este lugar, pero es que además, Portagem está al pie de Marvão, uno de los pueblos más bonitos del Alentejo, a un paso de las ruinas de la antigua ciudad romana de Ammaia, a 10 minutos de Castelo de Vide, otra localidad que vale la pena visitar por su antigua judería, y a unos 20 de Portalegre, la capital del distrito. Las casualidades se suman para que todos los caminos pasen por Portagem.
Su nombre, de hecho, -portagem quiere decir peaje- tiene que ver con ese ir y venir de caminos. Aquí es donde, en la edad media y durante el renacimiento, los viajeros pagaban un peaje por atravesar el puente que cruza el río Sever para entrar definitivamente en Portugal. Aún se conservan, a pocos metros del restaurante, tanto el puente de piedra como la torre medieval, a su lado, en la que los sefardíes expulsados de España en el S.XVI tenían que pagar tributo antes de continuar su camino.
Ya sólo por eso, el restaurante Sever es uno de esos lugares que conviene tener anotados, pero la historia suma algún atractivo más. Fundado en 1968 por Manuel Garraio, el restaurante lleva seis décadas atendiendo a clientes habituales y muchos otros de paso. Un repaso a sus redes sociales deja ver las visitas de cocineros populares en Portugal, celebridades y hasta del Presidente de la Republica, lo que deja bastante clara la reputación con la que cuenta.
Gestionado hoy por Julieta Garraio, la segunda generación, el local podría pasar desapercibido si no se está sobre aviso. Ubicado en el bajo de un hotel de tres estrellas, mirando al pueblo desde la otra orilla del río, el lugar podría ser un restaurante más de carretera sin demasiado interés. Sin embargo, llegar a él desde el aparcamiento, paseando bajo los árboles a la orilla del río y acceder a la sala que se abre al jardín, o en temporada quedarse en este, a la sombra, escuchando cómo el Sever fluye a pocos pasos, es ya algo que justifica la parada.
Al llegar la carta las buenas sensaciones se confirman. La inmensa mayoría de los platos nacen de la tradición portuguesa y, entre ellos, destaca una sección dedicada en exclusiva a “Los Manjares Típicos de Nuestra Región”, lo que permite zambullirse de lleno en la cocina alto-alentejana, tan interesante como poco conocida en España.
Llegan los entrantes, el couvert, esa tradición portuguesa con la que se recibe al comensal. Ten en cuenta que se cobra y encontrarás su precio en carta, así que, aunque llega por defecto, puedes rechazarla o elegir con qué te quedas. El pan y las aceitunas, por lo general, se dan casi por supuestos. A partir de ahí, puedes optar por quedarte con alguno de los quesos que te sirven o complementarlo con aceite o mantequilla. El couvert básico -pan y algo para acompañarlo- rondará los 2,5-3€. Si le sumas algo de queso para compartir, cosa muy recomendable en esta zona, quizás se vaya a los 6-7€ por persona.
Ya en los entrantes las sensaciones se confirman: cabeça de xara -equivalente de nuestra cabeza de jabalí-, lingüiça o farinheira de Portalegre, embutidos frescos tradicionales, fritos o asados a la parrila, huevos revueltos con setas, si es temporada, o con criadillas de tierra, que son habituales en esta región; sopas regionales como la alentejana, semejante de alguna manera a la sopa castellana, pero con un piso, un majado, de cilantro, sopa de tomate con huevo escalfado, sopa de castañas…
Si eres amante del bacalao, el Sever no te va a defraudar, tampoco. Aquí vas a encontrar el clásico bacalhau dourado, con huevo batido y patatas paja, pero también versiones a la parrilla o fritas.
Una de las partes más interesantes de la oferta está, sin embargo, en esa sección que se centra en platos locales. Ahí se encuentran clásicos como las tripas -los callos- de cordero en salsa de tomate, las carrilleras de Porco Alentejano, equivalente a nuestro cerdo ibérico, asadas al horno, o la cabidela alentejana, un guiso de gallina cocinada con su propia sangre y vinagre que habitualmente se sirve con arroz.
Las especialidades locales continúan en el apartado de caza, donde se encuentran propuestas tan apetecibles como el venado al horno con castañas, la perdiz de tiro en escabeche, el jabalí estofado o el conejo de monte con níscalos y pan frito. Si prefieres explorar las carnes de cerdo de la zona, puedes optar por un mixto de cortes a la parrilla que se sirve para dos personas o por cortes como la presa, la pluma o el secreto.
Y de postre, además de algunos clásicos que se encuentran por todo el país, como la serradura -nata y gallete rallada- o la mousse de chocolate, se ofrece toda una serie de dulces locales de origen conventual como la sericaia, un bizcocho de yemas que se sirve con una ciruela confitada tradicional de la localidad de Elvas, el rebuçado de ovo de Portalegre, similar en cierto sentido a una yema de Ávila, o la curiosa Encharcada, unas migas dulces con nueces y cabello de ángel.
El interior de restaurante es más convencional, pero disfrutar de una comida como esta en su terraza ajardinada, al borde del río y a un paso de la piscina fluvial de la localidad y terminar la experiencia tomando el café con calma y paseando luego, poco más de un par de minutos, hasta el puente que vincula la historia de la localidad con la española es una experiencia realmente recomendable. Y no necesita de nada más que su estupenda ubicación y una propuesta honesta, local y con buena relación calidad/precio para serlo.
Restaurante Sever
- Dónde: Estrada do Río Sever, 4. Hotel Sever Río. Portagem, Marvão (Portugal)
- Precio medio: 25-30€ + bodega
- Reservas: +351 245 993 192
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