Olvídate de complicarte la vida con técnicas enrevesadas o trucos innecesarios
Hay muchas formas de asar patatas y todas son, a priori, igual de válidas. Pero por mucho que en cada casa se hayan asado de una forma particular toda la vida, hay métodos que dan mejores resultados que otros, y la buena noticia es que, por una vez, la mejor manera de lograr la patata asada perfecta es la más simple y fácil. A prueba de novatos y torpes.
Nos referimos a la típica patata asada entera de guarnición o de plato único al estilo anglosajón, lo que llaman en Reino Unido jacket potatoes, que una vez asadas se abren y se rellenan o cubren con diversos ingredientes. Un plato simplísimo y barato que puede ser un manjar si se hace bien. Y la patata asada perfecta debe ser esponjosa y suave por dentro, con la piel sabrosa y ligeramente crujiente, no blandengue.
Para ello hay que empezar con elegir bien el tipo de tubérculo. Podríamos probar con cualquier patata, pero para este menester es preferible optar por las llamadas patatas "para asar". Son más bien blancas, harinosas, con más almidón que las de freír. Evita las patatas muy amarillas y escoge ejemplares que sean lo más uniformes posible, para que se cocinen en todas partes por igual, ovaladas.
Aunque parece una obviedad, las mejores patatas asadas se hacen en el horno convencional. Sí, se pueden cocinar también en microondas y, por supuesto, también hay buenas recetas para asar patatas en la freidora de aire. Pero el horno es imbatible, siempre quedan muchísimo mejor. Y es más fácil controlar el punto.
Por mucho que nos guste hacer patatas asadas envueltas en papel de aluminio -es cómodo, mancha menos, luce bien para servir-, olvídate de usarlo aquí, salvo que las ases directamente sobre brasas o fuego. Solo necesitamos una bandeja de horno, la misma llanda que tenga el aparato o cualquier fuente refractaria, y la patata o patatas que queramos asar, lavadas y secas. Y un poco de sal.
Precalienta el horno a 200-220ºC con calor arriba y abajo, pincha las patatas varias veces con un tenedor o brocheta y ponlas en la bandeja. Espolvorea con sal y hornéalas hasta que el interior esté tierno, que se pueda atravesar fácilmente con un cuchillo de punta. Para un tamaño de unos 350-400 g, necesitarás, aproximadamente, una hora; menos tiempo si son patatas más pequeñas. Y si quieres que la piel se conserve con su punto crujiente, córtala en rodajas o atraviésala longitudinalmente con el cuchillo en cuanto salga del horno, para liberar el vapor interior.
Patata entera pinchada, sal y horno a 200ºC; nada más y nada menos. Para qué complicarnos más la vida si así quedan perfectas. Y no solo lo decimos nosotros, es el método que defienden otros expertos en la materia como el británico Nigel Slater en The Guardian, o el equipo de Food&Wine.
Imagen | Freepik
En DAP | El truco para hacer la patata asada perfecta: esta es la variedad que tienes que utilizar
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