
Preparada de manera casera, esta mermelada aguanta en la nevera hasta tres semanas en perfectas condiciones
Cualquier fruta transformada en mermelada es interesante porque, más allá del desayuno, invita al juego en la cocina. Esta, al ser de pera, alcanza un sabor delicado que combina bien con quesos curados, tablas de embutidos e incluso como base para glaseados de carnes blancas.
Admito que la he utilizado también como vinagreta para ensaladas, aligerándola con unas gotas extra de limón. Para elaborarla, la elección de la variedad juega un rol clave: las Conferencia, por ejemplo, permiten hacer una crema homogénea, mientras que variedades más firmes, como la ercolina o las peras de agua, son ideales si prefieres encontrar trozos definidos de fruta en cada cucharada.
Pelar las peras, quitar el corazón y cortar en trozos pequeños. Con un rallador fino, rallar la piel de limón y el jengibre. En una olla, mezclar la pera con el azúcar, la piel y zumo de limón y el jengibre. Dejar reposar unos 30 minutos para que la pera suelte sus jugos naturales.
Llevar la olla al calor a fuego medio-bajo y cocinar unos 35 a 40 minutos, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera para que no se pegue al fondo.
Con el tiempo, la fruta se irá deshaciendo y el líquido se torna almibarado. Una vez que la pera esté tierna, triturar con una batidora de mano directamente en la olla para triturar la fruta hasta obtener la textura deseada, es posible dejar algunos trozos enteros para un acabado más rústico.
Con qué acompañar la mermelada de pera
Además de para untar en las tostadas del desayuno, la mermelada de pera permite equilibrar proteínas grasas o intensas o quesos estilo feta o queso azul. También aporta mucho sabor a gran variedad de salsas. Es un producto muy versátil.
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