Soy una loca del cilantro. Y soy mucho más feliz desde que descubrí que se puede usar como si fuera lechuga

Limitando su uso a un mero complemento aromático estamos desperdiciando todas sus posibilidades culinarias

Liliana Fuchs

Editor

Me confieso adoradora del cilantro. No solo tengo la suerte de pertenecer a esa parte de la población a la que no le sabe a jabón, sino que me encanta su sabor y toda su complejidad aromática. Me gusta en sus tres formas habituales, hierba fresca, semillas enteras y especia molida, pero es la primera la que más alegrías aporta a mis comidas. Particularmente desde que me di cuenta de que no le estaba sacando todo el partido que se merece.

Porque habitualmente tratamos a las llamadas hierbas frescas como meras aromáticas, complementos para dar aroma y sabor a los platos tanto en la base de salsas y fondos, como en el aderezo final, aportando también color y algo de textura, como un remate o guinda. Se lo hemos visto hacer a Arguiñano infinidad de veces con su ya famosa ramita de perejil final, pero las hierbas también pueden ser las protagonistas.

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Es algo que se puede ver en recetas tradicionales de muchas culturas, empezando con el famoso tabulé, que a menudo adaptamos a nuestro paladar reduciendo considerablemente la proporción de hierbas. El auténtico tabouli o tabbouleh libanés es mucho, mucho más verde que las versiones occidentales, cediendo todo el protagonismo a la combinación de perejil y menta fresca. Pues yo he empezado a hacer lo mismo con mi adorado cilantro.

Y es que si tanto me gusta, ¿por qué limitar el cilantro a mero condimento? En casa ya lo consideramos un ingrediente de pleno derecho más, como la rúcula, la escarola, las espinacas o cualquier otra hoja verde. Lo empleamos como base de ensaladas sencillas de primer plato o guarnición, aliñado simplemente con buen aceite de oliva virgen extra y unas gotas vinagre, o con vinagretas distintas, a veces con un toque de mostaza o acompañado de sésamo tostado, chile fresco o cebolla morada.

Funciona también muy bien como componente de una ensalada de tomate básica, me encanta combinarlo con algún queso de cabra o queso feta y hace muy buena pareja con el aguacate o frutas frescas como una manzana ácida, pera crujiente, papaya, mango o melón en verano. Queda de lujo acompañado de anchoas, langostinos o gambas cocidas, aunque solo con unos frutos secos tostados y bien aliñado ya es un plato delicioso.

El cilantro tiene la ventaja frente a otras hierbas que sus tallos son tan comestibles como las hojas, y de hecho concentran gran parte de su poder aromático, por lo que no hace falta desecharlos ni complicarse la vida separándolos. Cuando consigo una buena cantidad a veces me lo como tal cual, como un snack, simplemente bien lavado y seco, como quien picotea zanahorias o apio. El único requisito es que el cilantro sea lo más fresco posible y esté lozano, verde, sin hojas mustias. Por eso también hay que aprovechar y devorarlo cuanto antes.

Imágenes | Freepik/jcomp - mdjaff

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