Si te cansa el gazpacho o el salmorejo, hay una opción con calabaza igual de interesante y fresca para el verano

sopa

Aunque asociamos la calabaza al otoño, cuando está de temporada, también sirve para hacer cremas frías

Inés Vazquez Noya

Editor

La calabaza no es solo para el invierno, una crema fría puede convertirse en el entrante ideal para los días de calor. Su textura queda densa y con un lindísimo color dorado, coronada con un mix de semillas crujientes de girasol, lino y chía que contrasta con la suavidad de la base.

A diferencia de las reinas indiscutibles del verano como el gazpacho o el salmorejo, esta propuesta se aleja por completo del tomate, el vinagre y la fuerte presencia del ajo, para quienes el tomate crudo les resulta poco apetecible. Mientras que las sopas frías tradicionales tienen un perfil más salado y potente, esta versión de crema fría de calabaza es totalmente distinta. Su perfil es más dulce gracias al agregado de canela molida, y la verdad que le da un toque genial a la receta.

Esta crema fría pide acompañamientos que jueguen con el contraste crujiente y salado. Unas crackers de semillas de avena o una foccacia al romero son ideales para dipear. Mismo, seguido de unos pinchos de tofu adobados o un pollo a la plancha bien especiado con tomate al medio complementa la propuesta. 

Para lograrlo, la calabaza se hierve unos 15 minutos hasta que esté tierna. Una vez lista, se procesa junto al yogur natural, que aporta la acidez y la cremosidad justa, emulando la ligereza que el aceite de oliva aporta al gazpacho pero con un toque láctico mucho más refrescante. Tras reposar en la nevera hasta el momento de servir para que esté bien fría, es un plato redondo, original y espectacular.

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