
Sus enormes tapas que parecen raciones, a precios reducidos, son famosas en el barrio desde hace años
En pleno barrio de Triana, pero lejos de las zonas más masificadas de Sevilla, lleva casi 30 años al pie del cañón uno de esos bares de toda la vida que se ha ganado una clientela fiel entre los vecinos, y que sigue conquistando a visitantes pasajeros que procuran volver en su siguiente visita a la ciudad. El Gordito de Triana se ha ganado su fama con una filosofía muy sencilla: amplia variedad de tapas típicas, raciones generosas, buenos precios y el mejor ambiente familiar.
Ellos mismos se definen como un bar donde “Intentamos dar siempre el mejor servicio para que todos nuestros clientes se sientan lo más cómodos posibles”. La cantidad de reseñas positivas que llevan acumulando todos estos años en diversas plataformas son buena prueba de ello, aunque tampoco les hace falta darse a conocer por las redes, pues lo suyo es más bien una fama de boca a oreja y de crear barrio.
Como explican en El Correo de Andalucía, el nombre del establecimiento proviene del cantaor Manuel Mas Pacheco, abuelo de los dueños, y eso se refleja en la decoración y el ambiente del local, un bar típico alargado de dimensiones más bien reducidas, pero que refleja ese estilo funcional de las bodeguitas sevillanas clásicas, donde prima el calor humano y el bullicio cercano en las horas punta. Con su barra de bar presidiendo el espacio, algunas mesas y sillas de madera clásica y paredes con elementos icónicos de la cultura popular sevillana y trianera, como cuadros, carteles y recuerdos del barrio.
La carta se compone de clásicos de la cocina sevillana y andaluza popular, con gran protagonismo de las tapas y raciones, además de algunos platos más contundentes como su famoso churrasco. No hay concesiones a modas gastronómicas, solo algún toque particular de la casa como el flamenquín de cabrales o el San Jacobo de Camembert, siempre en tamaños bien contundentes.
Incluso las tapas, a partir de 3,5 euros, son ya raciones generosas, por lo que conviene contenerse al principio pidiendo si se quieren probar varias de sus especialidades, incluso para compartir entre muchos. Son fijos en la carta clásicos como las lagrimitas de pollo, el cazón en adobo, los boquerones fritos, en adobo o al limón, las croquetas, el solomillo al whisky, los aliños o las gambas al ajillo.
Además tienen carta del día que va cambiando en función del producto fresco, incluyendo, entre otros, coquinas, mero, caracoles o cabrillas, pijotas y acedías fritas, tomate aliñado, y guisos caseros.
Los clientes destacan el carácter entrañable y la amabilidad de su personal, así como la calidad de la comida, que sorprende a los primerizos por los bajos precios de la carta. Además, todo el mundo avisa de que las tapas parecen raciones completas y que con un par por persona ya puedes estar más que satisfecho.
“Las tapas estaban buenísimas y eran contundentes, por lo que hemos acabado tan llenos que casi rodamos al salir”, comenta un cliente en una reseña. “Bar de toda la vida , las tapas riquísimas y un tamaño como raciones de otros bares, a un precio irrisorio en comparación con bares de tapas de Sevilla”, comenta otro. Tan solo hay que tener un poco de paciencia si se llega con el local ya muy concurrido, pero la espera suele merecer la pena.
Imágenes | Bar El Gordito de Triana (C. Manuel Arellano, 37, Sevilla)
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