
Con muy poco esfuerzo puedes multiplicar el sabor de este básico de la cocina
El caldo de pollo es uno de esos básicos de la cocina española que no falta en las neveras y en los congeladores. Sin embargo, es muy recurrente que, directamente, apostemos por comprarlo ya hecho con la idea de que nos facilite la tarea.
Sin embargo, sea en brik o sea en cubitos, la realidad del caldo de pollo industrial dista mucho en sabor y prestaciones de un buen caldo casero. Algo que, lógicamente, es aplicable a todo tipo de caldos, ya sea un caldo de verduras, un fumet o caldo de pescado o un caldo de carne.
Hacer un buen caldo de pollo en casa no es ni caro ni complicado, tal y como explicó el chef gallego Manuel Costiña, propietario del restaurante dos estrellas Michelin Retiro da Costiña, en la localidad coruñesa de Santa Comba.
Aprovechando su cuenta de Instagram, Manuel Costiña explicaba que no tiene sentido comprar caldo de pollo, invitando a hacerlo en casa. "Mira los ingredientes, pone caldo de pollo, pero no te dice cuánto pollo lleva", lamentaba.
En su opinión "todo es agua, sal y aroma de pollo". Por eso, entre otras causas, "está mucho más diluido que uno hecho en casa" y "por eso nunca cuaja y nunca gelifica".
Cómo hacer un caldo de pollo de verdad
Lo contrario de "un caldo de verdad" que considera "queda tembloroso como una gelatina cuando lo metes en la nevera". En ese sentido, insistía en hacer el caldo en casa y donde "si no te quieres complicar solo vas a necesitar cinco ingredientes".
"Puerro, cebolla, zanahoria, agua y pollo", indicaba y, si lo quieres llevar a otro nivel, "aromáticos y ajo". Con esos mimbres, Manuel Costiña explica que, simplemente, hay que "rehogar las verduras cortadas en una bresa gruesa en el fondo de una olla con un chorrito de aceite".
Aprovechando mientras se rehogan las verduras "aprovechamos para asar el pollo". Este toque, con el que apenas se pierde tiempo, multiplica el sabor del caldo gracias a la reacción de Maillard que se produce en el horno con el pollo.
"Incorpora el pollo, añade agua cubriendo dos o tres dedos por encima y cocina suave durante dos o tres horas", indicaba. Pasado ese tiempo, lo colamos, guardamos en bote y congelamos. Además, si quieres hacerlo más healthy, recomendaba "separar la grasa del caldo".
La fórmula es muy sencilla: "Congelas el caldo, así que el caldo va hacia abajo y la grasa sube, retirándola con una cuchara".
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