Ni freidora de aire, ni horno: la mejor forma de cocinar salmón es también la menos conocida

Piel crujiente, carne jugosa en su punto, y las mínimas complicaciones: hay un método infalible para conseguir estos resultados en pocos minutos

Liliana Fuchs

Editor

El salmón es uno de los pescados que más consumimos hoy en día gracias al buen ojo que han tenido los noruegos promocionándolo con formatos comodísimos de preparar, como son los lomos o supremas. Además de adaptarse a infinidad de recetas, pueden cocinarse rápidamente en pocos minutos, pero también queremos que quede rico y no sea algo aburrido para salir del paso.

Lo fantástico del salmón es que, si se prepara bien, nos regala un bocado con la piel crujiente, manteniendo una carne jugosa y llena de sabor que se puede combinar con mil aderezos, salsas o guarniciones. Hay varias formas de cocinarlo para obtener esos resultados en casa: con la freidora de aire, a la plancha, a la parrilla, al horno, al microondas... ahora bien, ¿cuál es la mejor, más rápida y con mejores resultados?

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Por suerte, en Food&Wine han probado todas estas técnicas para analizar y comparar los resultados, y tienen un claro ganador. Y no, no es la airfryer, aunque si cocinas salmón en la freidora de aire tampoco es el fin del mundo, pues le dan una puntuación de seis puntos sobre diez.

Según sus pruebas, usando casi idénticos lomos de salmón del mismo tamaño y solo aderezados con sal y pimienta, con una cucharadita de aceite de oliva, la mejor forma de cocinar este pescado es a la plancha pero empezando con la sartén fría. Una técnica de la que ya hemos hablado anteriormente en DAP y que funciona de maravilla también con carnes y otros alimentos.

Por qué es buena idea empezar a cocinar con la sartén fría

El método es muy sencillo. Empieza poniendo una buena sartén antiadherente al fuego, sin encenderlo, echa una cucharadita o chorrito pequeño de aceite de oliva y coloca el lomo de salmón con la piel hacia abajo en el centro, moviéndolo suavemente para  restregar el aceite por toda su superficie. 

Enciende ahora el fuego a potencia media-alta, y no lo toques hasta que la piel se ponga bien dorada, algo tostadita, y crujiente, unos 7-8 minutos. La carne debe haberse puesto algo opaca en los bordes. Dale la vuelta con cuidado con una espátula y retira al momento la sartén del fuego, dejando que se termine de hacer con el calor residual, unos 2-3 minutos más. Y sirve inmediatamente.

Más fácil, imposible. Y queda fabuloso, con esa piel deliciosamente crujiente y una carne cocinada al punto, jugosa, nada reseca, conservando esa textura y sabor que tanto nos gusta en un pescado azul, sin miedo a pasarnos y que quede reseco y soso. Es crucial servirlo con la piel hacia arriba, y sí, se puede comer.

El método que queda en segundo lugar sería cocinando el salmón a la plancha de forma corriente, aunque exige algo más de atención y cuidado si no quieres sobrecocinarlo. No son malas opciones el salmón al horno o usando el gratinador o un grill de barbacoa, que además le da un toque ahumado muy rico, pero son más complicados de perfeccionar y exigen más tiempo y atención. La freidora de aire te hace el apaño, pero ni de lejos queda tan sabroso. El microondas ni entra en esta clasificación porque es imposible lograr con él esa textura crujiente externa.

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