
Se pueden cocinar al fuego o en el microondas para una versión más rápida
Hay postres que sí se merecen conservar el apelativo «de la abuela», que suelen ser los más humildes, sencillos y que más nostalgia despiertan. Recetas a las que volver siempre que nos apetece un capricho dulce sin complicarnos con miles de ingredientes o elaboraciones complicadas, de esos que casi se hacen a ojo con leche, azúcar y poco más. Las natillas y gachas son uno de ellos.
Cocer leche a fuego lento es algo que se ha hecho toda la vida en prácticamente medio mundo, por eso hay tantísimas variedades de este cremoso postre que siempre asociamos al hogar. En España tenemos las natillas tradicionales, las papas de millo, la más sofisticada crema catalana y las humildes poleás andaluzas. Anglosajones y germanos tienen los puddings de vainilla, los franceses la crème brûlée, y en Latinoamérica hay también muchas variantes semejantes.
De forma genérica se llama postre de maicena o maizena a esta especie de natillas humildes que cualquier pueda hacer en casa en pocos minutos. En muchas casas se cocina todavía sin añadir nada de huevo, aunque con unas yemas se consigue una textura más untuosa y con más sabor. Pero si no tienes huevos, partiendo solo de un par de tazas de leche, es decir, medio litro aproximadamente, y media de azúcar, unos 100 g, ya puedes hacer este cremoso postre.
La versión más rápida y fácil es la de natillas en el microondas, que están listas en apenas 10 minutos, con su aroma de vainilla natural, aunque también quedan muy ricas si usas esencia o infusionas primero la leche con canela o corteza de limón. Para prescindir de las yemas, añade un poco más de maicena, y recuerda que espesarán más al dejarlas enfriar unas horas en la nevera.
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