Probamos el "White" de Esti, el primer queso feta vegano: hecho en Grecia, pero sin leche

white

Es un nombre descriptivo y muy apropiado para un queso blanco elaborado en Grecia 

Inés Vazquez Noya

Editor

La esencia de la marca se encierra en su propio nombre, ya que "Esti" significa "es" en griego. Bajo el lema "Una vida mejor para todos" (Better life for all), la empresa nacida en la región de Kifissia, Atenas, traslada la herencia mediterránea al mundo moderno para crear una gama que abarca desde opciones tradicionales hasta innovaciones 100% vegetales.

La cartera de productos de Esti tiene el objetivo de acompañar al consumidor durante su jornada. Para el comienzo del día, ofrece opciones como sus Overnight Oats y una línea de yogures que incluye alternativas sin lactosa a base de coco. Estas soluciones se extienden a sus formatos Grab n' Go de hummus con pita chips y diversos dips que van desde el hummus de jalapeño hasta la salsa toum libanesa. Para las comidas principales, la marca adapta platos populares a su filosofía con líneas de appetizers y pizzas. Por último, su sección plant-based cierra un catálogo atractivo con alternativas vegetales de embutidos y siete variantes de quesos, entre los que destaca su alternativa al Feta llamada "White".

La tradición visual del azul y blanco 

El packaging conecta con la tradición griega mediante el icónico esquema de azul y blanco que remite a las islas Cícladas. Los detalles en verde y una tipografía clara subrayan su condición de vegan y dairy-free, facilitando una identificación rápida para consumidores con intolerancias al gluten o la soja. Al revisar su composición, este "blanco vegetal" utiliza una mezcla de agua, aceite de coco, almidón y proteína de patata para imitar la cremosidad del queso lácteo, reforzando su identidad mediterránea con la inclusión de aceite de oliva virgen extra.

Al desembalarlo, el producto se presenta como un bloque compacto de color blanco puro, con una geometría rectangular de bordes suavizados. Aunque se encuentra envasado al vacío y no se observa salmuera líquida en el interior, el bloque mantiene una humedad notable al tacto. Su estructura es sólida y consistente, transmitiendo una sensación de densidad y frescura antes de ser manipulado, sin desprender un aroma intenso o particular.

En la fase de corte, hay una textura firme y sin resistencia, que permite obtener láminas limpias o cubos perfectamente definidos. A diferencia del queso feta tradicional, que suele ser quebradizo (crumbly), esta versión vegetal mantiene su integridad estructural de forma excepcional. Esta característica lo hace ideal para ensaladas o preparaciones donde se busca un contraste visual intenso, ya sea al combinar el blanco del queso con colores vivos como el rojo del tomate. Al pincharlo, mantiene la integridad incluso cuando se integra en platos con ingredientes húmedos.

En la boca, la experiencia es predominantemente mantecosa, con un sabor que se inclina más hacia el lado salado que hacia la acidez del feta original. Por la presencia del aceite de coco y el almidón de patata intuyo que con el calor se ablandará bien y volverá más cremoso para replicar con éxito la receta viral de pasta con queso feta al horno y tomate cherry. 

Y si bien el aceite de coco y el almidón de patata, como ingredientes base no poseen por si por sí mismos el aroma o sabor a queso, sino que se utilizan para replicar al textura y forma. En la etiqueta no aparece listado ningún regulador de acidez específico, salvo el ingrediente "aroma", pero sin ninguna especificación adicional.

Desde el punto de vista nutricional, es un producto pensado para el disfrute de la textura más que por su valor nutricional. A diferencia del queso tradicional, el aporte proteico es bajo (1,7 g) frente a su aporte calórico (290 kcal), debido principalmente a las grasas saturadas del aceite de coco (23 g). Tiene además 0 g de azúcares y 1,9 g de sal por porción de 100 gr. Este "White" se produce en Grecia y debe conservarse refrigerado entre 0º y 6 ºC; con una fecha de consumo preferente hasta septiembre de 2026, ofrece una vida útil de aproximadamente seis meses si se mantiene adecuadamente. 

Más allá de la ensalada tradicional, esta propuesta de Esti invita a la experimentación. Dado su perfil predominantemente salado, sugiero combinarlo con ingredientes dulces como higos frescos, uvas o una reducción de miel, como un ingrediente más en una tabla de quesos o para preparar unas brochetas tipo "caprese" (alternando el queso con tomate cherry y albahaca) o para coronar un salmorejo donde otros quesos veganos más blandos perderían su forma. Mismo, añadir una capa extra de frutos secos tostados por ejemplo, hará un juego de texturas atractivo, ideal para potenciar un plato en casa con aires de restaurante. 

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