
La bodega Roberto Voerzio está considerada como una de las más modernas en el Piemonte. Ya saben que no siempre “moderno” es sinónimo de calidad. Incluso diría que últimamente, en el mundo del vino, es un calificativo poco afortunado, o como mínimo de valor incierto.
Efectivamente, si asociamos la modernidad a la utilización de la tecnología que el mundo de hoy nos ofrece para el control exhaustivo de los procesos de viticultura y vinificación, estaremos hablando, en mi opinión, de un valor en alza. Lejos deberían haber quedado los vinos defectuosos por un inadecuado (o inexistente a veces) control de los procesos: fermentaciones deficientes, contaminaciones cruzadas, condiciones inadecuadas de crianza, falta de higiene en las bodegas.
Pero esta modernidad deseable e imprescindible lleva asociada una peligrosa uniformidad en las técnicas de elaboración: los mismos tanques de fermentación termorregulados, las misma levaduras seleccionadas, el mismo tipo de crianza. A veces incluso hasta las mismas variedades en un lado y otro del planeta. Todo ello nos lleva irremediablemente a la homogeneización del producto: perdemos tipicidad y carácter.
