Para los aficionados a los vinos de la borgoña, el mombre del Domaine Méo-Camuzet siempre va asociado al vino tinto.
Y no a un tinto cualquiera.
Oir Méo-Camuzet es pensar en la quintaesencia del vino tinto borgoñón, Vosne-Romanée: Richebourg, Echézeaux, Clos Vougeot…
Por eso, pensar en que alguien se atreva a plantar alguno de esos pagos tan preciados con castas blancas sería pensar en una temeridad.
Sin embargo, Jean-Nicolas Méo no pensó lo mismo. Y lo hizo. Y no sólo plantó su monopole Clos Saint-Philibert con Chardonnay – la variedad borgoñona por excelencia-, sino que lo hizo mezclándola con otra casta.
¡Agg! A estas alturas más de uno se estará echando las manos a la cabeza. ¡Otras castas en el sancta sanctorum de la pureza varietal! ¿Cómo puede ser eso?
