
La primera vez que fui al restaurante Alboraya 72, cuyo nombre responde únicamente al número y a la calle de Valencia en la que está situado, era más un bar normal que un restaurante sirio. En la carta había algunos entrantes sirios como el paté de garbanzos o el paté de berenjenas, pero lo demás eran bocatas y tostadas típicos de otras bocaterías. Pero el dueño era sirio de pura cepa, así que los patés estaban deliciosos.
Con el tiempo, supongo que en vista de la demanda de la parte siria de la carta, fue eliminando todo rastro de bocadillos y dejando únicamente especialidades sirias en la carta, amén de subir paulatinamente los precios. No es que llegara a ser caro, pero a mi sensible bolsillo ya no le sentaba tan bien ir y, aunque mi paladar renegaba, hacía tiempo que no iba.
Hace un par de días, por un acontecimiento familiar, tuve la oportunidad de volver, y ante la sorpresa de todos ahora había un menu degustación muy completo por 10 euros —bebida, postre o café incluidos, si no recuerdo mal— así que ese menú es el que os voy a presentar.

Hoy conseguí una nota en el blog del chef venezolano Tomás Fernández sobre un restaurant abierto hace poco en la ciudad de Damasco en Siria que ha batido el récord guiness como el más grande del mundo.