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¿Por qué nos encanta ver recetas que nunca cocinaremos? La paradoja de los foodlovers en Instagram

¿Por qué nos encanta ver recetas que nunca cocinaremos? La paradoja de los foodlovers en Instagram
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Tarta de pacanas sin gluten, huevos horneados con queso crema y mantequilla de chili, un bol de smoothie azul con bolas de pitaya, socca con hummus de habas pintas… Suena (casi) todo muy apetecible pero, seamos sinceros, es poco probable que una de esas recetas acabe sobre nuestra mesa.

Por eso, los foodlovers, siempre nos preguntamos, ¿por qué nos encanta ver recetas que nunca cocinaremos? ¿Por qué estamos enamorados de Instagram y seguimos a gente de todo el mundo que parece que nunca coma dos veces lo mismo?

El fenómeno foodlovers es una de las grandes tendencias que invaden Instagram, la red social por excelencia de los narcisistas, pero también de los amantes de la fotografía, la moda, el DIY, la decoración, y en general de las cosas bonitas que nos alegran la vida a diario. La comida bien presentada es una de ellas.

Gracias a una conectividad ubicua e inmediata que proporcionan las avances en la tecnología, es fácil que los amantes del buen comer nos pasemos el día dando likes a diestro y siniestro a fotos de gente en restaurantes de todo el mundo o cocinando con ingredientes de los que no habíamos oído hablar en la vida. Para eso contamos con el arma perfecta: un móvil, una conexión 4G y tarifas de datos como la que ofrece Lowi, que permiten de manera sencilla acceder a la cocina universal que es Instagram.

Así que, mientras se nos hacen los ojos chiribitas ante unas tortitas con sirope de arce y chips de chocolate, recopilamos las cinco paradojas de los foodlovers en Instagram.

Las 5 paradojas de Instagram

1. Los ingredientes imposibles de conseguir

No será la primera vez que nos enamoramos de una receta y sufrimos lo indecible para conseguir todos los ingredientes. Es algo que ocurre con frecuencia si sigues a instagramers del mundo entero.

Ahora que se acerca Halloween, seguro que te habrás preguntado qué es el “all spice” que usan los anglosajones en muchos postres de calabaza (se puede sustituir por una mezcla de canela y clavo) pero la cosa se pone peor cuando se trata de quesos -hasta los italianos son complicados de conseguir- frutas -hay algunas rarísimas que se están empezando a popularizar como el pepino africano, la pitaya, el durán o el mangostán- o cortes de carne que aquí son diferentes. Tu carnicero seguro que te mira raro cuando preguntas por cortes argentinos como el matahambre o la entraña.

2. Las recetas que no debes comer

Si fuera verdad que se come con los ojos, estaríamos todos obesos, porque si hay algo que triunfa en Instagram son los excesos: hamburguesas que parecen la Torre Eiffel, pastas con mil quesos gratinados, tartas con más chocolate que en la fábrica de Willy Wonka…

La mayoría son recetas que, si las probáramos, nos decepcionarían y empacharían a partes iguales, porque en cocina mezclar demasiados sabores es complicado y nuestro cuerpo se atiborra enseguida con platos grasos o muy dulces.

3. Las recetas que sí deberíamos comer

Que tire la primera piedra aquel que no se haya cenado una hamburguesa de tres pisos al tiempo que le daba like a todas esas recetas saludables (y muy apetecibles, todo hay que decirlo) que tampoco faltan en Instagram.

¿Por qué cuando nos toca ponernos a dieta nuestra comida no tiene esa pinta? Sin duda sería mucho más fácil no romperla si delante de nosotros tuviéramos un festival de mil colores y sabores en vez de una pechuga de pollo a la plancha y un poco de brócoli al vapor.

4. Las recetas que no sabes (o te da pereza) cocinar

O más bien, que no tienes la fuerza de voluntad para cocinar. Porque poder, puedes. Es solo que cuando empiezas a leer el paso a paso y es más largo que El Quijote en verso, o tienes que dejar reposar marinar unas costillas durante 8 horas, se te van las ganas.

5. Los lugares donde nunca comerás

Reconócelo, también sigues a instagramers de todo el mundo que enseñan lo bien que se come en todos esos destinos a los que alguna vez haya imaginado viajar. Incluso es posible que, en alguna ocasión, hayas podido ir a alguno de esos sitios y comer en algún local cuya comida te hiciera salivar miles de likes atrás.Lo que no está tan claro es si merece la pena. Sobre todo porque muchas veces esa magia se rompe, y la hamburguesa de ese food truck que hay que perseguir por todo Brooklyn y que tan buena pinta tiene en Instagram, luego no es para tanto.

250 millones de publicaciones gracias a una conexión que lo hace fácil

No cabe la menor duda de que el fenómeno foodlover arrasa en Instagram. Por poner un ejemplo, entre las tres cuentas más populares, con Jamie Oliver a la cabeza, acumulan más de 14 millones de seguidores, y algunas de sus fotos rondan los 50.000 me gusta. ¡50.000!

Otro sinónimo de este auge es la cantidad de publicaciones etiquetadas como comida. El hashtag #food, por ejemplo, cuenta ahora mismo con casi 250 millones de publicaciones, mientras que #foodporn y #foodie acumulan 140 y 72 millones respectivamente.

Un auge que ha sido posible gracias al avance de las cámaras en nuestros teléfonos móviles y, también, a que cada vez disponemos de tarifas de datos más asequibles que nos hace estar conectados las 24 horas a la caza del plato perfecto. Compañías como Lowi tienen mucho que ver con que millones de fotos se publiquen al día en esta galería universal de la cocina. Lowi ofrece fibra en casa y tarifas móviles sin permanencia que podemos configurar a nuestra medida giga a giga, pudiendo acumular los datos que no gastemos de un mes a otro o añadir GB adicionales cuando nos haga falta. Así nunca nos quedaremos sin datos para seguir disfrutando de nuestra paradoja.

Foto portada Unsplash

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