
Suena a cachivache del inspector Gadget. Sin embargo, la lengua electrónica es un equipo analítico que permite distinguir las variedades de uva y descifrar las cantidades de elementos químicos que contiene el vino. De esta forma conseguimos nuestro objetivo: tener paladares electrónicos para evitar engaños con el vino.
Este invento, en realidad, tiene forma de caja de zapatos y está formado por un sistema de multisensores ( seis sensores integrados en un chip de 5 cm cuadrados) que analiza los resultados en relación con una base de datos. Después de la nariz electrónica, llega el paladar a la gastronomía para sorprendernos.
Este original invento es idea de Cecilia Jimenez Jorquera y de su equipo del Instituto Nacional de Microelectrónica; y está dedicado especialmente al mundo de la enología. Sin embargo, no ha sido muy bien recibido en el sector, ya que se teme que pueda sustituir a las grandes narices y paladares de este país.

