Recuerdo que cuando hice la reforma de la cocina hace unos años, tuve cierta polémica con mi novia, sobre si manteníamos la cocina de cuatro fuegos de gas, o si nos cambiábamos a la placa vitrocerámica. Para resolver la polémica, os diré que seguimos utilizando la cocina con fuego, aunque tuvimos que buscar cocinas de gas más fáciles de limpiar.
Yo defendía las ventajas del gas, la precisión con la que se podía regular la llama, lo constante de su calor y ¿por qué no? también el romanticismo de la llama, sin olvidar que yo había aprendido a cocinar con gas, y no tenía muchas ganas de adaptar mis costumbres a la vitrocerámica o a la entonces naciente cocina por inducción.





