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El peligro del fast food

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Los fast food tienen rapidez en el servicio, sus horarios son amplios y los precios bastante económicos. Estas son algunas de las características que comprenden los establecimientos de las cadenas de comida rápida.

Aunque tienen mala fama nutricional, todos hemos caído alguna vez ante una hamburguesa o una porción de pizza.

Y no es de extrañar ya que su comida ha captado nuestros paladares al incluir condimentos fuertes o aditivos que potencian el sabor y estimulan el apetito.

Esta comida tiene dos influencias: la anglosajona, que nos ofrece las hamburguesas y patatas fritas acompañadas de salsas diversas (mayonesa, mostaza, ketchup) y la mediterránea, que nos ofrece pizzas, bocadillos, tapas y kebabs.

Consumir de vez en cuando fast food no supone ningún riesgo para nuestra salud. Pero no lo convirtamos en un hábito. Muchas personas lo incluyen como base de su dieta y eso es verdaderamente peligroso. Debemos ser conscientes de que existe un peligro nutricional.

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Cuando comemos fast food se ingiere más de la mitad de la energía diaria necesaria, si además tenemos en cuenta el resto de comidas del día, no es de extrañar que tengamos exceso energético y como consecuencia aparezca el sobrepeso.

Estos excesos energéticos producen el aumento de los niveles de colesterol. Como estos alimentos son ricos en salsas a base de huevo, mantequilla o manteca y que junto con otros ingredientes grasos, como son los aceites de coco y palma que se usan en la fritura, producen unas digestiones difíciles.

Recordemos que estos alimentos en su mayoría están fritos, empanados o rebozados. A causa de esto se enriquecen en grasa, que a elevadas temperaturas resulta aún más perjudicial.

Todos los excesos son malos, de todo se puede comer pero debemos ser bastante inteligentes como para poner freno a nuestras apetencias.

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