¿Cómo funcionan los bancos de alimentos?

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Ayer todos pudimos disfrutar del magnífico reportaje de Jordi Évole en la Sexta titulado “Con la comida no se juega”. En él, de forma un tanto somera pero a la vez afilada, repasa cómo se desperdicia comida en todo el proceso de producción, distribución y consumo de alimentos. En la parte final aborda la labor social de los bancos de alimentos para redistribuir parte de estos excedentes, y como me quedé con ganas de saber exactamente cómo funcionan los bancos de alimentos, he decidido informarme un poco.

No es la primera vez que hablamos de bancos de alimentos en Directo al Paladar, ni tampoco del problema del desperdicio de comida. Nos hemos hecho eco de iniciativas como Last Minute Market o ¡No tiréis la comida!, que proponen aprovechar los excedentes de los supermercados. También hemos discutido la polémica decisión griega de vender productos caducados a precios rebajados y de cómo mucha gente sobrevive rebuscando en el contenedor de la basura.

Funcionamiento de los Bancos de Alimentos

A pesar de todo esto, poco conocemos de los bancos de alimentos más allá del aspecto más obvio y visible. No es que sea nada misterioso ni oscuro, ya que es información de dominio público, solo con buscar un poco podemos conocer fácilmente sus guías generales de funcionamiento, que según la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), son las siguientes.

Recogida de alimentos

  • Se buscan empresas que estén dispuestas a dar de modo gratuito los excedentes que, de otro modo, se destruirían, a pesar de que son perfectamente consumibles. También algunas empresas cooperan con productos que no son excedentes.
  • Se aceptan las distribuciones gratuitas de excedentes alimentarios del Fondo Social de la Comunidad Europea, aunque los bancos de alimentos no son servicios sociales públicos, sino organizaciones no gubernamentales.
  • Se aceptan donativos de particulares, se hacen colectas de muchos tipos y se arbitran sistemas que permitan recoger lícita y gratuitamente alimentos.

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La financiación

  • Se admiten subvenciones y ayudas de dinero, públicas y privadas, con las que se mantiene la estructura mínima del Banco de Alimentos.
  • Las personas que prestan su capacidad profesional y su tiempo lo hacen de manera absolutamente voluntaria. No se cobra bajo ningún concepto.

La distribución

  • Los alimentos se almacenan, en general, por breve tiempo, de forma que estos puedan ser distribuidos y consumidos dentro de plazos de consumo preferente.
  • No hay un único banco de alimentos, sino que funcionan de manera local o provincial, todos bajo el amparo de FESBAL, aunque también hay otras ONG’s que pueden realizar labores similares de forma paralela.
  • Se distribuyen gratuitamente a los centros de acogida necesitados, comprometiéndose los receptores a cumplir las condiciones que se les exige.
  • Jamás se da comida a particulares, sólo a los centros asistenciales adheridos, aunque hay algunos que parecen ser también un centro asistencial, como el de Valencia.

Los problemas de los bancos de alimentos

Con lo visto hasta ahora, parece que los bancos de alimentos están muy bien organizados, pero no todo es de color de rosa, y algunas nubes se ciernen sobre ellos, si bien la mayoría son ajenas completamente a su voluntad. Para empezar, ahora mismo están desbordados, con una demanda que se ha cuadriplicado en los últimos años, mientras que las aportaciones a los bancos de alimentos no han crecido en la misma medida.

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Por ejemplo, en un estudio de agosto de este año, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente dio a conocer los desalentadores resultados de una encuesta a 700 establecimientos alimentarios: solo el 20% dona sus excedentes a ONG’s y bancos de alimentos. Es un tema preocupante que la opinión pública —y nosotros, claro— se toma muy en serio, así que lo abordaremos detallademente los próximos días.

Por otro lado, hay un problema logístico y legislativo, ya que la ley obliga que los alimentos perecederos se transporten refrigerados desde el supermercado en cuestión al Banco de Alimentos, y los supermercados pequeños y ONG’s no siempre disponen de esta infraestructura, aunque se está mejorando.

También hay casos puntuales de abusos que ensucian un poco su labor, como la red de residencias de ancianos que pedían comida a los Bancos de Alimentos cuando estaban cobrando hasta 1.800 euros al mes por alojarse allí, aunque algo así no es culpa del propio Banco de Alimentos, sino de la mala fe de los receptores.

Confío en que os haya resultado interesante conocer cómo funcionan los bancos de alimentos. Su labor social es encomiable y ahora mismo son el sustento de muchas familias, ahora a ver si conseguimos que más entidades colaboren y puedan paliar el grave problema de hambre que tristemente asola nuestro país.

Imágenes | Editorial J, EAJ-PNV Gipuzkoa y Presidencia GVA en Flickr
Más información | Fesbal
En Directo al Paladar | ¡No tiréis la comida!, iniciativa para que los supermercados no desperdicien alimentos

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