La mayoría de los dormitorios parecen bien iluminados hasta que cae la noche. Entonces se hace evidente que una única lámpara de techo no siempre resuelve lo que ocurre en el día a día: vestirse, leer o simplemente desconectar. La iluminación, más que un detalle, es uno de los elementos que más condiciona cómo se vive un espacio.
En este contexto, la diseñadora Claire Bacquart, de Nedgis, lo plantea sin rodeos: "Tres puntos de luz son el mínimo para que un dormitorio funcione y resulte acogedor". Una afirmación que desmonta esa idea tan extendida de que con encender la luz general basta.
El planteamiento es sencillo, pero no siempre se aplica. Según la experta, la clave está en acompañar los distintos momentos del día con diferentes tipos de iluminación. No se trata solo de ver, sino de crear atmósferas y facilitar cada actividad sin forzar la vista ni el cuerpo.
Cuando se habla de puntos de luz, no se hace referencia únicamente a la lámpara del techo. Cualquier fuente que pueda encenderse de forma independiente cuenta: desde un aplique hasta una lámpara de pie o incluso una luz indirecta. La suma de estas capas es lo que da sentido al conjunto.
Varios niveles
Según explica a El Mueble, el primer nivel es la iluminación general, la que permite moverse con comodidad por la habitación. Suele resolverse con una lámpara de techo o colgante que distribuya la luz de forma uniforme, sin deslumbrar ni generar sombras duras.
El segundo es la iluminación funcional, pensada para acciones concretas. Aquí entran las lámparas de mesilla o los apliques orientables, que permiten leer o realizar tareas sin molestar a quien comparte el espacio. Es una luz más dirigida, pero igual de necesaria.
Por último está la iluminación ambiental, la gran olvidada en muchos dormitorios. Es la que aporta calidez y crea una sensación de refugio. Puede lograrse con una lámpara de pie, una luz indirecta o incluso tiras LED discretas que suavizan el conjunto.
Bombillas poco cálidas
El error más común, insiste Bacquart, es quedarse solo con la luz central. A eso se suman otros fallos habituales: elegir bombillas demasiado frías, colocar luces excesivamente potentes o no prestar atención a la escala de las luminarias.
Al final, iluminar un dormitorio no es solo una cuestión técnica. Es casi una forma de diseñar el ambiente. Porque cuando la luz está bien pensada, el espacio cambia sin necesidad de tocar nada más. Y eso, en una habitación pensada para descansar, se nota más de lo que parece.
Fotos | En Pexels: Pixabay, Foto de Jonathan Borba y Foto de Engin Akyurt.
En DAP | Evita con este truco que las toallas huelan a cerrado en invierno