Si eres uno de los más de 6.7 millones de espectadores que han empezado a ver El Caballero de los Siete Reinos en HBO Max, seguro que sus escenas han conseguido sacar tu lado más medieval. Al igual que nos ocurrió con Juegos de Tronos o con La Casa del Dragón, todas las ficciones firmadas por George R. R. Martin tienen la virtud de alimentar nuestra obsesión por los castillos, las cruzadas, las espadas y los fosos.
Esta nueva serie no es ninguna excepción. Con seis capítulos por delante -dos de los cuales ya se han estrenado-, tenemos ante nosotros toda una oportunidad para ahondar en este período crucial de la historia. Lo haremos con el tema que mejor conocemos en Directo al Paladar, es decir, la gastronomía, quizás uno de los ámbitos que más incógnitas suscita.
Hemos charlado con el medievalista Javier Traité, coautor del libro El olor de la Edad Media: Salud e higiene en la Europa medieval, que nos ha desvelado algunas de las claves de la alimentación en los tiempos de la serie. Te animamos a descubrir qué habría comido Ser Duncan el alto -y su inseparable escudero Egg- de haber existido, cómo era de verdad la gastronomía del medievo y qué platos actuales podrían maridar con una maratón de la serie.
Ni tan sucio, ni tan soso
A menudo, la ficción nos ha vendido una visión de la Edad Media de platos marrones y personas royendo huesos en un rincón oscuro. Sin embargo, Javier Traité es tajante: la comida no era “asquerosa” ni tristísima. “Es cierto que las clases bajas comían a veces cosas en mal estado porque no quedaba otra, pero eso no es incompatible con que la gente disfrutara”, recalca.
A veces se comían cosas en mal estado porque no quedaba otra, pero eso no es incompatible con que la gente disfrutara
Para entender qué se llevarían Ser Duncan y Egg a la boca, también debemos desmontar otros mitos. En primer lugar, hay que saber que nadie usaba las especias para tapar el sabor de la carne podrida. De hecho, como indica el investigador, “quien podía pagar pimienta negra, nuez moscada o canela de la India, podía comprar la mejor carne del mercado. Las usaban porque estaban riquísimas y eran signo de estatus”.
Por otro lado, los campesinos no vivían a base de coles, sino que tenían acceso a la carne de forma más o menos habitual. Quizás no comieran especies de caza mayor, pero sí que se celebraba por entonces la matanza del cerdo una vez al año, de la que se aprovechaban todas las partes.
Menús para un caballero errante
La peculiaridad de Ser Duncan en la serie es su actividad errante, con lo que esto implica también para sus hábitos de alimentación. Si bien Traité insiste en que no hay indicios de que existiera este tipo de figura -“lo más parecido a un caballero errante real serían esos tercerones de señores feudales, que iban voltando buscando trabajo”-, sus menús se tendrían que haber adaptado a las circunstancias de los viajes.
Los caballeros llevaban alimentos que aguantaban las inclemencias, como carnes secas, pasteles salados, quesos, frutos secos o bizcocho (no el que conocemos hoy)
Se llevaban alimentos que aguantaban las inclemencias, como carnes secas, pasteles salados, quesos, frutos secos o bizcocho, que según cuenta el experto, “no es el bizcocho que entendemos hoy, suave y tierno, sino un pan cocido dos veces (biz-cocho), sin agua apenas, durísimo y resistente”. También se acostumbraba a llevar el agua mezclada con vinagre o vino, “para retrasar las corrupciones”, e incluso se sabe que algunos viajeros portaban un gallinero portátil, “para tener huevos frescos durante el trayecto”.
El banquete de los Siete Reinos: ¿cómo sería?
Aunque Ser Duncan el alto se mueve más bien de forma austera, ya en el primer capítulo de El Caballero de los Siete Reinos se le puede ver compartiendo fiesta y banquete con Lyonel Baratheon. El propio Javier Traité confiesa que esta sería una de las experiencias por las que merecería hacer un viaje en el tiempo: “querría probar un banquete medieval completo” y “(ver) cómo transiciona el cuerpo con todo ese no parar de platos enormes, dulces y salados”.
Estas comilonas de la Edad Media eran el mayor exponente de la calidad y variedad gastronómica de entonces. En aquellos tiempos el lujo se medía a través de la elaboración, de modo que cuanto más complejo y colorido era un plato, más alto era el estatus del anfitrión. Las presentaciones extravagantes y espectaculares marcaban también la norma, con grandes decoraciones y un exhibicionismo gastronómico casi abrumador.
Asimismo, otro de los aspectos que más podría chocar a los gastrónomos de nuestro tiempo es la falta de frontera entre lo dulce y lo salado. “No existía una distinción realmente clara entre salado para los platos principales y dulce para el postre”, cuenta Traité. “Los postres solían ser bocaditos dulces, pero el dulce también podía estar muy presente en el resto de la comida”. De hecho, una receta habitual de entonces era el menjar blanch, similar al arroz con leche azucarado, pero con pollo.
“No existía una distinción realmente clara entre salado para los platos principales y dulce para el postre”
También es interesante hablar de los antecedentes del protocolo, que ya en la Edad Media mostraba sus primeros atisbos. Se usaba el aguamanil de forma estricta, para lavarse las manos antes y después de comer; “también se usan cuencos con agua de rosas para ir lavándose los dedos durante la comida, ya que los tenedores aún no existían”, relata el experto. Es más, el agua de rosas también se empleaba como ingrediente en algunas elaboraciones, algo que solo se mantiene en la actualidad en ciertas recetas orientales, como el flan libanés.
Tres recetas de inspiración medieval para maratonear sin pasar hambre
Sin duda, las declaraciones de Javier Traité sobre la verdadera gastronomía medieval abren el apetito de historia. Y tanto si ya te has enganchado a El Caballero de los Siete Reinos como si planeas empezarla durante los próximos días, te proponemos una manera deliciosa de adentrarte en esta nueva franquicia del universo de Juego de Tronos.
@directopaladar Nos vamos de viaje gastronómico por Poniente con motivo del estreno de 'El Caballero de los Siete Reinos ' en @HBO Max España Desde los lujosos banquetes de la capital hasta la dieta de supervivencia de un caballero errante ⚔️🍖 #elcaballerodelossietereinos #juegodetronos ♬ sonido original - DAP
Dejamos a un lado las palomitas y apostamos por sabores más auténticos con estas tres ideas de recetas de inspiración medieval. Perfectas para seguir las aventuras de Ser Duncan y Egg desde la supervivencia del camino hasta el reconfortante festín de la posada.
El "bizcocho" del viajero, la barrita energética del medievo
Ya sabemos que el bizcocho era un bloque de supervivencia, pero lo que podemos hacer hoy en día es rescatar la técnica de la doble cocción para crear un aperitivo irresistible. Se nos ocurre preparar una masa de pan densa y enriquecida con frutos secos, semillas o hierbas aromáticas. Luego, solo hay que hornearla en forma de lingote, rebanar finamente y volver a llevarla al horno hasta que quede crujiente.
El toque medieval se lo podemos dar con una capa de agua de rosas (o de azahar, que es más fácil de conseguir), o incluso con opciones dulces tradicionales, como higos secos y dátiles picados. ¿El resultado? Un bocado que conserva la esencia del viaje medieval, pero con una textura y un sabor más agradecido para los paladares contemporáneos.
La empanada (o el primer 'tupper' de la historia)
Si el bizcocho era la resistencia, la empanada era el almuerzo take away de la Edad Media. Su cobertura de pan funcionaba como el envoltorio perfecto, algo que ha durado incluso hasta nuestros días. Si quieres recrear este recipiente comestible en clave medieval, te recomendamos prepararla con carne de cerdo bien condimentada y con masa de pan (en lugar de hojaldre o masa quebrada).
Un bocado rústico, contundente y diseñado para que lo devores a lomos de un caballo (o en una pausa rápida entre capítulos).
Cordero asado con hierbas: manjar de posada
Este es justamente el plato que la posadera ofrece a Ser Duncan al inicio del primer capítulo. La intensidad de la carne del cordero ofrece sabor suficiente como para que una receta así de humilde se haya mantenido a lo largo de los siglos. De hecho, sigue siendo un habitual en grandes mesones y comilonas de invierno, donde se presenta horneado, acompañado con un poco de ajo y romero, y casi siempre con unas patatas (una guarnición que, como sabemos, no llegaría a Europa hasta tiempo más tarde).
Eso sí, si no quieres que la paletilla quede muy reseca, procura hidratar el asado con sus propios jugos entre capítulo y capítulo. Tras una hora de horno, estará listo para servir.
Tenemos el menú, las curiosidades históricas para fardar en Twitter y la bendición de un experto medievalista. Ahora solo falta que enciendas la televisión, te sirvas un poco de vino (o de agua con un chorrito de vinagre para tener la experiencia inmersiva) y te sumerjas en las intrigas de El Caballero de los Siete Reinos.
Las aventuras de Ser Duncan y Egg no han hecho más que empezar y, como hemos visto, los mejores tratos y las peores traiciones se cocinan siempre alrededor de una buena mesa. Todos los lunes, nuevo capítulo de estreno en HBO Max.
Imágenes | HBO Max