Más allá de ser un acompañamiento, este chutney es ese ingrediente secreto que aporta una capa de sabor profundo para que ninguna comida vuelva a ser aburrida. Se puede preparar con cebolla blanca para un sabor más intenso, la cebolla morada le aporta un toque sutilmente más dulce y un color atractivo que resalta en cualquier plato. Gracias al equilibrio entre el dulzor de la caramelización y la acidez del vinagre, es el comodín ideal para realzar platos tanto fríos como calientes. Resulta en una textura melosa y se integra de maravilla en bocatas, platos de cereales o como ese extra sofisticado que rompe la monotonía de las ensaladas.
En una sartén amplia, calentar a fuego medio el aceite de oliva. Añadir la cebolla cortada en finas tras con la pizca de sal. Cocinar unos 10 a 12 minutos hasta que esté bien transparente y empiece a dorarse, queremos que este blanda. Añadir el azúcar y remover bien. Dejar que se cocine unos 5 minutos más hasta que el azúcar se ha haya disuelto y la cebolla brille.
Incorporar el vinagre (y la canela molida de utilizar). Bajar el fuego al mínimo y dejar que se cocine tapada unos 20 minutos. Destapar y seguir cocinando unos 5 a 10 minutos más hasta que el líquido se haya evaporado casi por completo y tenga una textura de mermelada espesa.
Pasar a un frasco de vidrio y dejar que baje su temperatura paulatinamente. El chutney estará mucho mejor cuando está frío o a temperatura ambiente, ya que los sabores se asientan.
Con qué acompañar el chutney de cebolla
Queda espectacular como base en una tostada con queso (vegano o no) y nueces, o como toque agridulce dentro de una hamburguesa. También funciona súper para acompañar tablas de aperitivos o para darle un contraste a un salpicón de legumbres.
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