Si tienes árboles o setos cerca del vecino, esto es lo que la ley permite exigir (y lo que te pueden reclamar)

Ahora en primavera el crecimiento de la vegetación activa conflictos y derechos entre fincas colindantes

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Joana Costa

Editor

Con el aumento de las temperaturas, jardines, patios y parcelas privadas se llenan de brotes nuevos, ramas más largas y setos que crecen sin pedir permiso. Y es entonces cuando muchos descubren que, aunque su jardín sea suyo, no todo vale si hay un vecino al lado.

La regulación no es nueva ni reciente. Está recogida en el Código Civil desde 1889 y sigue plenamente vigente. Lo que cambia ahora no es la ley, sino el comportamiento de la vegetación: crece, se expande y, en algunos casos, invade espacios ajenos. Ahí es donde entran en juego una serie de derechos que suelen activarse precisamente en estos meses.

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Cuestión de distancia

Uno de los puntos clave es la distancia a la que se pueden plantar árboles y setos respecto a la propiedad vecina. La norma general fija dos metros para árboles altos y 50 centímetros para arbustos o árboles bajos, salvo que exista una ordenanza municipal específica. Si no se respeta esta separación, el vecino puede exigir que se retiren.

No es una cuestión menor. En muchas viviendas, especialmente en zonas residenciales o urbanizaciones, se plantan setos para ganar privacidad o delimitar espacios. El problema aparece cuando, con el paso del tiempo, ese crecimiento natural invade el terreno colindante o afecta a su uso.

Otro de los escenarios más habituales en esta época tiene que ver con las ramas que sobresalen. La ley es clara: si las ramas de un árbol cruzan hacia la propiedad vecina, el afectado puede reclamar que se poden. No importa si el árbol estaba bien plantado en origen; lo que cuenta es su estado actual.

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Las raíces generan todavía más fricción. Cuando se introducen en la parcela de al lado, el propietario afectado puede cortarlas directamente dentro de su terreno. Es una medida que la ley permite sin necesidad de autorización previa, precisamente para evitar daños en suelos, muros o instalaciones.

Árboles medianeros

Existe además una figura menos conocida: los árboles medianeros, aquellos que crecen justo en la línea divisoria. En estos casos, se consideran compartidos y cualquiera de los propietarios puede pedir su eliminación. Solo hay una excepción: si esos árboles actúan como referencia histórica del límite entre fincas, no pueden retirarse sin acuerdo mutuo.

En cuanto a las consecuencias, el Código Civil no habla de multas directas. Lo que sí permite es acudir a la vía judicial si no se cumplen estas obligaciones. Esto puede acabar en una sentencia que obligue a podar, retirar árboles o incluso indemnizar por daños causados.

Las sanciones económicas, cuando existen, suelen venir de normativas municipales. Algunos ayuntamientos sí contemplan multas por el mal mantenimiento de parcelas privadas o por generar molestias a vecinos, lo que añade una capa más de responsabilidad a los propietarios.

Con la primavera, que tantas cosas bonitas trae, también surgen este tipo de desacuerdos a partir de algo tan baladí como una rama que crece demasiado o un seto que se descontrola. Y como suele pasar con casi todo lo que tiene que ver con vecinos, lo que arranca como algo pequeño puede acabar en una conversación incómoda o en algo bastante más serio.

Fotos | Haberdoedas Photography y Aleksander Dumała

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