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La vida a través de una llama de gas

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Hace años, cuando era una niña, solo había una cocina posible, la que arreaba los guisos con una llama. Recuerdo, de una forma muy difusa, la vieja cocina de la primera casa en la que viví, tan solo el suelo de damero, la fresquera, y por supuesto la llama del gas. Me parecía mágico que en casa hubiera un lugar en el que reinara el fuego, y me fascinaba la corona que este formaba alrededor del quemador.

Mi madre cocinaba a diario y el fogón estaba siempre a plena actividad. Nosotros hacíamos los deberes muy cerca, en una mesa de formica, mientras Elena Francis desgranaba píos consejos en la radio. Recuerdo el ritual de encendido, en tiempos cerillas, más adelante un mechero de cocina, unos chispazos, un sonido como de viento, una leve explosión, y allí estaba la corona de luz. Un terreno prohibido para los más pequeños.

Era un elemento vivo sobre la chapa de la cocina, bailaba sobre el quemador seduciendo los fondos de los pucheros. A veces el aire la sacudía, y temía perderla, pero yo estaba ahí para vigilarla sin que nadie me hubiera adjudicado tal función.

Cocina de gas

Los domingos, esa fascinación por el fuego en la cocina venía de la mano de mi tía abuela, a la que solíamos visitar, y que siempre tenía encendida la cocina de leña. Mientras ella deslizaba cazos de una lado a otro de la chapa, buscando la temperatura adecuada al guiso, yo cogía el gancho y separaba un poco uno de los discos para verlo. Leña ardiendo despacio y casi en silencio, un chisporroteo de vez en cuando, madera y carbón al rojo vivo, alguna dulce llama agitando una rama, calor, mucho calor.

Llegó el momento en que pude dejar de mirarla tan solo y me dejaron manejarla a mi antojo. Primero el cazo de la leche, con cuidado para que no se sobrara ni se quemara. Así descubrí que tenía mucha más vida de la que nunca imaginé. El más leve giro de muñeca variaba su intensidad, devorando las cazuelas o tan solo acariciándolas.

Nunca confié del todo en la numeración de los mandos, siempre echaba una mirada de reojo para verla a ella. Me gustaba jugar a conseguir la menor llama posible, tan solo un mínimo halo azul. Cuántos guisos habré hecho desde entonces y en cuántos fogones diferentes, pero todos con ese divino infierno interior mimando las ollas.

Imágenes vía | Butkaj.com en Flickr En Directo al Paladar | Historia del fuego en la cocina En Directo al Paladar | Tipos de ollas para cocinar con gas. Ventajas e inconvenientes

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