No vamos a negar que, de vez en cuando, hay nombres de platos, sobre todo cuanto más populares son, que nos pueden resultar algo cómicos. Sucede, por ejemplo, con el atascaburras manchego, quizá uno de los mejores ejemplos, aunque no está solo.
Pensar en el zorongollo –o en el zarangollo–, que no son lo mismo, suenan parecido, pero son totalmente distintos, puede hacernos esbozar alguna sonrisillas.
Eso mismo pasa con uno de los platos estrella de la cocina de Jaén como sucede con el rin ran de bacalao. La etimología del nombre, más allá de la broma, se pierde en el origen de los tiempos y nadie sabe con precisión el porqué del bautismo.
No obstante, podría tener que ver con una onomatopeya que pudiera sintetizar lo fácil que se hace, razón por la que no dejamos de invitaros que probéis a hacer rin ran de bacalao en casa.
Ciencia, poquísima y sabor todo el del mundo. Parte de bacalao limpio, seco y desmigado y, con él a mano, pela una cebolla y córtala en cubitos, dejándola un rato en agua fría para que pierda bravura.
Mientras haces eso, tuesta unas ñoras secas en la sartén con un poco de aceite, sin que se quemen ni amarguen, pero que se inflen un poco y la carne coja algo de ternura. Luego las sacas del fuego, dejas enfríar, pelas y quitas las semillas, quedándote solo con la carne.
En esa sartén, tuestas el bacalao a fuego vivo, incorporas las ñoras troceadas, cocinas unos minutos hasta que se integren y añades la cebolla, dándole otro meneo y cocinas 10 minutos más, hasta que la cebolla esté lista. Fuera del fuego, cuando ya esté, mezclas con un chorro de aceite de oliva, un poco de zumo de limón, punto de sal y a triunfar.
En DAP | Cocina andaluza
En DAP | Recetas de bacalao