
Cuando se trata de algo que se come por piezas, un filete, cuatro empanadillas, cinco croquetas, no suele haber problemas en la cocina de mi madre, es fácil cocinar lo justo, se cuentan los comensales, se hace una multiplicación sencillita y se consigue que nunca sobre comida.
Pero cuando ella se pone a cocinar potaje, la cosa cambia, esa mujer no tiene medida, no es capaz de hacer ese tipo de platos para menos de quince personas. Si tenemos en cuenta que en su casa viven dos personas y que solo ocasionalmente nos tienen de invitados a alguno de mis hermanos o a mí misma, surge un verdadero problema.
¿Qué pasa con el potaje que sobra? puede parecer una pregunta tonta con respuesta obvia, separarlo en raciones y congelarlo, pero si tenemos en cuenta que el congelador de casa de mi madre ya está lleno con muchísimas otras raciones, de este y otros platos hechos con anterioridad, la cuestión deja de ser tan sencilla.
Como ella no está dispuesta a que sobre nada, o a tirar comida, encontró una solución hace tiempo, lo convirtió en un potaje viajero. Lo prepara cocinándolo de la forma habitual, espera que se enfríe un poco y lo separa en pequeñas ollas o cazos, los tapa y las deja descansando sobre el mármol de la cocina, en una pone dos raciones, en otra tres, en otra cuatro, en otra una y en otra dos. Acto seguido levanta el teléfono, hace unas cuantas llamadas y a lo largo del día las ollas van desapareciendo una a una.
Igual forma que desaparecen de su mármol, aparecen en las cocinas de casa de mis hermanos y de la mía. Así que después de recibir una llamada de teléfono y de dar un corto paseo a casa de mi madre, hoy en mi casa hemos comido el potaje viajero de mi madre, además de unas mandarinas del mandarino de su jardín.
En Directo al Paladar | Qué rica está la fabada de lata
En Directo al Paladar | El molinillo de café
Comentarios
interesante
La solución que no tenga una madre...quien la va a tener?.Y sobre todo para temas culinarios (y para otros tambien que caray). Se las saben todas Juana y ademas siendo sinceros, que bien nos viene a veces que sean tan resolutivas, o no es verdad?,jeje lo que se agradece un buen potajito de estos que ellas saben hacer...
Franchessca, ahí le has dado de pleno, la verdad es que además de venir muy bien es que está riquísimo. jejeje
Juana, dale a tu madre mi numero de teléfono. Gracias
Lo hago, pero creo que no vas a colar como hija jejejej, pero llamarte seguro que te llamaría jejejejeje
Precioso tu post de hoy, mis hijos viven a bastantes kms. de donde vivo yo pero muchas veces he estado tentada a mandarles un puchero por Seur.
En mi caso el potaje solo viaje unas metro, pero en el caso de alguno de mis hermanos suele viajar 20 o 25 kilometros jejejeje el asiento delantero de su coche tiene alguna que otra mancha de caldo jejejee
interesante
¡Ese potaje tiene muy buena pinta! ¿Se puede pedir la receta? (ojitos de cachorro desvalido)
Pues disfruta de ello Juana, los potajes son cosa de las madres, ya lo digo yo en mi post de esta semana, lo único que yo ya me he convertido en la que manda los tuper en vez de recibirlos. Ley de vida, pero feliz de poder hacerlo. Un saludo. Esperanza.
Y a mi me tocará en cuatro días seguro jejejeje. Mientras tanto lo disfruto muchísimo. Graciassss
Hola Juana: Me sumo y comparto contigo las excelencias de esos guisos tan ricos que solo saben hacer las madres. En nuestra casa es costumbre hacer el "Potage" con bacalao y bolitas de pan rallado, huevo y perejil, fritas. A todos nos encanta. Un abrazo.
Y estoy segura que algún que otro tupper también viaja a otras cocinas jejeje. Un abrazo Andrés.
Me ha encantado este artículo. Me ha recordado al puchero viajero de mi madre, a sus boquerones en vinagre, su crema de calabaza... y a tantos y tantos platos que aparecen en mi cocina o en la de mis hermanos como por arte de magia.
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect