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Buey de Kobe. Degustación

Buey de Kobe. Degustación
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Tanto tiempo oyendo hablar del buey de Kobe y por fin hace unos días tuve la oportunidad de probarlo. En Directo al Paladar ya hemos hablado de esta carne exclusiva y hoy vamos a degustarla. El buey de Kobe, de la raza Wagyu es una impresionante res de pelaje negro, que se cría en Japón y debe su nombre al puerto de Kobe, desde el cual se exporta su carne al resto del mundo.

Los cuidados de estos bueyes son exquisitos, masajes diarios, baños de sake, cerveza y sake incluidos en la dieta. Aunque algunas voces desmienten este extremo y lo atribuyen a una campaña de márketing de los ganaderos, cómo hemos podido leer en Vía Michelín, donde se apunta que las propiedades de esta carne vienen de las cualidades genéticas propias de la raza.

Al respecto de la exportación de este manjar fuera de las fronteras japonesas, hay mucha controversia, se habla de una prohibición por parte del gobierno japonés y también de restricciones de la Comunidad Europea. Lo cierto es que no toda la carne que se ofrece como buey de Kobe lo es en origen, sino que procede de reses de la raza Wagyu criadas en otros países, por lo que deberíamos hablar de carne tipo Kobe

Carne brillante, suave y sabrosa

La carne objeto de esta degustación procedía de una cabaña brasileña de animales de raza Wagyu cruzados con hembras brangus. Una pieza de 600 gramos a compartir entre dos personas que llegó a la mesa servida en una parrilla y fileteada en trozos de 1,5 cm.

La primera impresión a simple vista, ya anunciaba que estábamos ante una carne diferente, superior. De un color rosado brillante, la veta de carne parecía diluirse entre la grasa infiltrada, dando la sensación de suavidad. El corte con cuchillo no podía ser más limpio y delicado, de un solo tajo la carne se abría ante el filo con ligereza.

Buey de Kobe

En boca, el sabor resultaba delicado y diferente a otras carnes probadas hasta la fecha, sabroso pero no agresivo. No encuentro mejor palabra para definir el sabor aún a riesgo de redundar:delicado. Masticar esta carne es una experiencia dulce y fácil, se rinde dócil ante los dientes en una textura mantecosa; decir que se disuelve es algo exagerado, pero sí es cierto que la masticación es tremendamente placentera.

Como conclusión cabe preguntarse si merece la pena pagar tan elevado precio por degustar esta carne. No es un manjar para todos los días, incluso diría ni para todos los años. Pero para paladares sibaritas merece la pena hacer un esfuerzo puntual y probarla en una buena compañía, como fue mi caso, o para celebrar una fecha especial.

En Directo al Paladar | Carne de Kobe, la raza Wagyu En Directo al Paladar | Alimentos selectos: el buey de Kobe

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