Cultivar calabacines tiene una pequeña paradoja y quienes han tenido la suerte (y el espacio) de tener una planta lo saben. Es una de esas plantas capaces de recompensar al horticultor con una producción casi desmesurada cuando encuentra las condiciones adecuadas, pero también exige agua, nutrientes y un suelo que no se reseque demasiado.
Mientras las temperaturas diurnas siguen siendo elevadas, mantener ese equilibrio puede convertirse en una misión imposible diaria. Una solución sorprendentemente sencilla está en algo que probablemente termina habitualmente en el contenedor azul: el cartón.
Cartón mojado
Utilizar cartón mojado alrededor de las plantas de calabacín puede ayudar a mantener unas mejores condiciones de cultivo y, de paso, reducir parte del mantenimiento del huerto.
El mejor acolchado
La idea no consiste en enterrar las plantas ni en cubrir completamente la tierra. El cartón húmedo se coloca sobre el suelo y alrededor del calabacín, dejando libre la zona inmediatamente próxima al tallo.
Su primera función es bastante fácil de entender: actúa como una capa de acolchado. Al impedir que la luz llegue directamente a la tierra, dificulta la germinación y el crecimiento de las malas hierbas. Esto significa menos competencia por el agua y los nutrientes y, también, menos tiempo dedicado a arrancarlas.
Ahora bien, probablemente su ventaja más interesante durante los meses cálidos sea otra. El cartón crea una barrera que reduce la evaporación del agua del suelo, ayudando a conservar la humedad durante más tiempo. Esta humedad más constante beneficia a las raíces del calabacín y permite reducir las necesidades de riego.
Se incorpora al suelo
A diferencia de un plástico o de cualquier otra clase de acolchado, el cartón no permanece indefinidamente en el terreno. Si se utiliza cartón adecuado, va degradándose progresivamente y aportando materia orgánica.
Durante ese proceso contribuye a mejorar la estructura superficial de la tierra y favorece la actividad de los microorganismos del suelo. El resultado no es un fertilizante milagroso, ya que el calabacín continúa necesitando una tierra fértil y suficientes nutrientes, pero sí una forma sencilla de complementar el acolchado tradicional.
No sirve cualquier caja
Aquí conviene introducir una precaución importante. No todo el cartón que llega a casa es apropiado para colocarlo en el huerto. Lo mejor es utilizar cartón bruto, sin adhesivos ni elementos que puedan contaminar el suelo. Antes de colocarlo hay que retirar cintas, etiquetas, grapas y otros materiales ajenos al propio cartón.
Después basta con cortarlo para adaptarlo al espacio disponible, mojarlo bien y extenderlo alrededor de la planta, procurando que no quede pegado directamente al tallo.
Y el cartón tampoco puede hacer milagros si el resto falla. Los calabacines necesitan varias horas de sol, espacio suficiente para desarrollarse y un suelo rico, que puede mejorarse previamente con compost. También es aconsejable recoger los frutos con regularidad, ya que hacerlo favorece que la planta continúe produciendo nuevas flores y calabacines.
Este truco funciona, en realidad, porque no tiene demasiado misterio, sino que se basa en principios como la menor evaporación, menor cantidad de malas hierbas y una capa orgánica que termina degradándose sobre el terreno.
Foto | En Pexels: Thomas Parker y thepaintedsquare
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