Si tus pepinos están muy amargos, el problema puede estar en cómo los riegas a principios del verano

Esto es lo que favorece la producción de cucurbitacinas, unas sustancias naturales responsables del sabor amargo del fruto

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Joana Costa

Editor

Esperar semanas para recoger los primeros pepinos del huerto y descubrir que tienen un sabor intensamente amargo es una de las decepciones más habituales entre los aficionados a la horticultura, aunque tampoco es la única.

Aunque muchas personas lo atribuyen a la variedad cultivada o a que el fruto se ha pasado de maduración, el motivo suele ser mucho más sencillo. En realidad, la forma de regar durante las primeras semanas del verano puede marcar la diferencia.

Un mecanismo de defensa

El principal responsable es el llamado estrés hídrico. Cuando la planta pasa sed, recibe agua de forma irregular o sufre cambios bruscos de humedad y temperatura, activa un mecanismo de defensa que consiste en producir más cucurbitacinas, unos compuestos naturales que aportan ese característico sabor amargo.

Según los especialistas de Zollinger Bio, estas sustancias forman parte del sistema de protección natural de la planta. En otras palabras, el pepino no se vuelve amargo por un defecto del fruto, sino porque la planta responde a unas condiciones ambientales desfavorables.

Este fenómeno es especialmente frecuente durante el verano, cuando se alternan días muy calurosos con noches más frescas. El suelo puede secarse rápidamente y recibir después grandes cantidades de agua de golpe, unas oscilaciones que afectan al desarrollo del cultivo. Las olas de calor agravan todavía más el problema, sobre todo si las plantas permanecen muchas horas a pleno sol.

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Cómo evitar que los pepinos amarguen

La recomendación es mantener un riego constante y moderado. Resulta más beneficioso aportar pequeñas cantidades de agua con frecuencia que dejar que la tierra se seque por completo y regar después de forma abundante.

También conviene evitar el agua demasiado fría, ya que puede provocar un choque térmico en las raíces. Lo ideal es utilizar agua a temperatura ambiente y mantener la humedad del suelo mediante una capa de acolchado o mantillo, que además ayuda a estabilizar la temperatura de las raíces y reduce la evaporación.

Fotos | Tamara Elno y Юлия Кондратова.

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