Recordar nuestras primeras cocinas es hacer un viaje a través de las recetas, conversaciones y las personas que encendieron los fogones en ellas. También es volver a esos utensilios heredados, sartenes multitasking y apaños ingeniosos para lidiar con la falta de espacio (y con nuestra inexperiencia culinaria).
La realidad es que equipar una cocina nunca ha consistido solo en adquirir muebles y menaje. En realidad es un acto de independencia y casi una forma de evidenciar nuestro progreso como adultos funcionales. La mayoría empezamos con lo esencial y, sin darnos apenas cuenta, construimos frente a la encimera los recuerdos más tiernos: el primer guiso que salió medio bien, el plato con el que aprendió a comer el peque o ese juego de cuchillos que lo cambió todo para siempre.
En este camino de primeras veces, el gran testigo siempre ha sido IKEA. Tanto es así, que sus soluciones han estado siempre presentes en las dos historias de vida que hoy compartimos; en parte por su forma de acompañarnos durante todas las fases que experimentamos, pero sobre todo por demostrar que el buen diseño y las soluciones para todos los gustos (y tipos de vivienda) son compatibles con los mejores precios. Estos relatos evidencian que empezar de cero puede ser mucho más sencillo de lo que parece… y, desde luego, mucho más emocionante.
Francisco, la ilusión de una cocina que empezó con una sartén multitasking
Allá por los 80, Francisco era ya una rara avis por su incipiente amor por la cocina. En un tiempo en el que pocos maridos se encargaban de este tipo de labores, él ya se movía con soltura entre ollas y sartenes durante sus días de recién casado.
Desde un piso “modesto pero lleno de promesas”, esta pareja empezó su vida en común en la clásica cocina equipada con una mesa de formica verde y paredes de azulejos brillantes. “Nos parecía enorme… y eso que apenas teníamos un par de cazos y varios platos que habíamos heredado de mis padres”, cuenta.
La sofisticación no era el fuerte de esos primeros utensilios, pero eso nunca le impidió desatar su pasión por las recetas. “Usábamos una sartén que no tenía ni marca. Pesaba un quintal, pero con ella hacíamos huevos fritos, filetes, las primeras tortillas… Una vez hasta calentamos la leche ahí porque se nos estropeó el cazo. La verdad es que era todo un tesoro”, destaca Francisco. También recuerda que usaban un solo cuchillo “bueno de verdad”, lo que nunca les impidió cocinar casi a diario.
Es más, ni siquiera el paso de los años ha hecho que cambie su forma de pensar. Hoy, con dos hijos que ya se han ido de casa y portando el delantal en una cocina nueva y luminosa, Francisco reflexiona: “Muchos jóvenes piensan que hay que tenerlo todo desde el primer día, y no es así. Con cuatro cosas buenas, bien elegidas, tienes más que suficiente. Por ejemplo, un juego de cuchillos decente, un par de sartenes que respondan bien y, sobre todo, mucha organización. El orden lo es todo”.
Básicos con los que empezar
Los inicios pueden parecer complicados, pero si Francisco pudo desarrollar su lado más cocinitas con una sola sartén pesada, con las opciones disponibles en IKEA no habrá reto que se nos ponga por delante. Siguiendo sus consejos, podemos empezar con un set como el VÖRDA, juego de 3 cuchillos, 19,99€, uno de los más interesantes para los que quieren hacer una buena inversión y poder cortar prácticamente cualquier tipo de ingrediente.
En cuanto a las sartenes, podemos gastar un poco más y tener un básico multiusos (justo como hacía Francisco en sus inicios). Por ejemplo, la VARDAGEN Sartén, 29,99€, que está fabricada en hierro fundido y que promete quedarse dentro de nuestra cocina durante muchísimos años. No obstante, si queremos empezar por lo más básico, una muy buena alternativa es la IKEA 365+ Sartén, 19,99€, en este caso de acero inoxidable e ideal para los que prefieren una versión ligera y versátil en la que hacer todo tipo de recetas.
Y si tu primera cocina es igual de humilde que la de Francisco, nada como incorporar algunos extras para mejorar el almacenamiento. Si buscas una solución práctica y muy estética, seguro que te enamoras del RÅSKOG Carrito, 29,99€, que además está disponible en varios colores. No obstante, en IKEA también podrás dar con propuestas de lo más prácticas para mantener todo ordenado, desde envases, organizadores, ganchos y tarros, hasta otras que son verdaderas obras de ingenio, como la SNURRAD Bandeja giratoria, 24,99€.
Davinia: la cocina que convirtió su piso Erasmus en un hogar
Davinia es una millennial que tuvo la suerte de participar en el programa de intercambio Erasmus cuando estudiaba en la universidad. Según cuenta, la verdadera experiencia no comenzó al aterrizar en Roma, sino el día que entró en un piso compartido con sus dos compañeras españolas y conoció lo que era una cocina prácticamente vacía.
“Recuerdo abrir los cajones y encontrar solo una cucharilla perdida y una tapa de olla sin olla”, dice entre risas. Es más, antes de ponerse a visitar bondades como el Coliseo o la Fontana di Trevi, su primera expedición fue directa a IKEA, donde compró lo justo para sentir que ese espacio -temporal, pequeño y un poco caótico- comenzaba a ser suyo. “Cogí un juego de platos blanco, barato, y una olla pequeña para hacer pasta. Con eso y una taza bonita ya las cosas empezaron a cambiar”.
Durante ese año, lejos de casa, aprendió lecciones tan valiosas como el poder de la funcionalidad. “En una cocina compartida no puedes permitirte mil cosas. Descubrí que los botes de vidrio eran un salvavidas: servían para guardar sobras, para llevar comida a la uni e incluso como vasos cuando alguna compañera rompía (o no fregaba) los suyos”. También empezaron a formar parte de su día a día las bandejas para organizar cajones -“evitaban discusiones absurdas”- y los paños multisuperficie, que pasaban de mano en mano como si fueran bienes de primera necesidad. Incluso las tablas de cortar ligeras, que se apilaban sin ocupar espacio, se convirtieron en un must del piso.
Aquella cocina compartida fue el escenario de sus primeras recetas “de supervivencia” y también de cenas improvisadas que recuerda con más nostalgia que glamour. “Cocinábamos con lo mínimo, pero nos apañábamos. Lo importante no era que todo combinara, sino que funcionara”.
Lecciones para una buena convivencia
Lo cierto es que la cocina suele ser el epicentro de los malentendidos durante cualquier convivencia, sobre todo si compartimos con compañeros o con una pareja. Las lecciones que Davinia se llevó de su año Erasmus han estado presentes en sus siguientes pisos, incluso cuando llegó el día en el que empezó a vivir sola.
Por ejemplo, Davinia sigue usando tarros de vidrio para organizar y almacenar sus compras a granel, como el VARDAGEN Bote con tapa, 5,99€, que además va genial con la decoración de su cocina y le permite apostar por prácticas más sostenibles. También continúa quedándose con las tablas de cortar ligeras, como las FINFÖRDELA Tabla de cortar flexible, 1,99€/2 unidades, que además se pueden doblar para verter los alimentos y mantener todo más limpio.
Aunque ahora tiene un buen sueldo, bastante más alto que la beca Erasmus con la que tuvo que sobrevivir en Roma, Davinia prefiere gastar poco. En su cocina nunca faltan los sets multifunción, como el GRUNKA Utensilios de cocina 4 piezas, 6,99€ o el UPPFYLLD Cortador de verduras, 4,99€, que sirven para el día a día y no requieren apenas inversión. También mantiene sus estantes perfectamente ordenados (eso sí, esta vez a su gusto) con los cuberteros y organizadores de IKEA y se hace con paños -buenos, bonitos y baratos- cada vez que pasa por la sección de cocina.
Y como el destino a veces recompensa, ahora también disfruta muchas de las ventajas de vivir sola. En IKEA ha podido adquirir solo lo que necesita, que básicamente es un par de platos (en vez de la vajilla completa), tazas a su gusto en las que beber en calma sus cafés y tés, el tazón con el que se inspira para preparar açais de merienda y cubiertos solo para ella y, si acaso, para alguna visita espontánea.
Davinia lo tiene claro: se acabó eso de almacenar y no utilizar. Es más, sabe que cuando quede algo por incorporar a su cocina, tan solo tiene que hacer un viaje a IKEA (como el que salvó su Erasmus) para encontrarlo.
Imágenes | IKEA