Los consejos del experto en interiorismo Alberto Torres para diseñar una cocina que cuida a las personas mayores

La opinión del experto en diseño de interiores asegura que el minimalismo es un gran error en estos casos 

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Inés Vazquez Noya

Editor

El diseño de interiores suele pecar de poco funcional, priorizando simetrías y tendencias sobre la realidad física de quienes habitan los espacios.

Sin embargo, cuando hablamos de hogares para personas mayores, la estética debe rendirse ante la ergonomía. Así lo entiende Alberto Torres, figura de referencia en el interiorismo español. Con casi tres décadas de trayectoria y presencia en el Barrio de Salamanca en Madrid, Torres ha consolidado una filosofía donde el diseño decora y cuida.

Para el interiorista, una cocina mal planificada no es solo incómoda; es una barrera para la independencia. La importante es aplicar un diseño inteligente que anticipe las limitaciones de movilidad y equilibrio, transformando la cocina en un entorno, ante todo, seguro.

Uno de los errores más comunes es proyectar islas de cocina con una altura estándar y única. Torres advierte que esto ignora la fatiga o la necesidad de realizar tareas sentados. La implementación de superficies a doble altura permite que una persona pueda cortar vegetales con el apoyo lumbar necesario e incluso desde una silla, evitando el cansancio extremo. A esto se suma la elección crítica de los materiales: en un espacio donde el agua y las grasas son protagonistas, los suelos o encimeras excesivamente pulidos son potenciales trampas. El éxito es la textura antideslizante y el acabado mate que garantiza estabilidad en cada paso.

La falta de puntos de apoyo en las cocinas modernas deja a las personas mayores desprotegidas ante un traspié. Un diseño responsable debe integrar bordes redondeados, muebles con zócalos para acercar los pies y una distribución que permita desplazarse siempre con un soporte al alcance de la mano.

En definitiva, una isla bien pensada no es la que sigue la moda, sino la que permite disfrutar de ella sin miedos ni accidentes. Bajo esta premisa, Torres detalla los pilares de lo que sí define una isla inteligente:

  • Respetar el triángulo de trabajo (fregadero-cocina-frigorífico), manteniendo distancias de entre 90 y 120 cm para que cocinar no sea una maratón innecesaria.
  • La isla debe tener un propósito definido (preparar, socializar o desayunar) y contar con enchufes ocultos, tomas emergentes e iluminación LED regulable.

Por el contrario, lo que no tiene lugar en una cocina funcional es la pieza diseñada solo "para la foto". Torres es tajante: una isla mal planteada "estorba, no aporta y desgasta". Bajo ningún concepto se deben permitir espacios de paso inferiores a los 90 cm; no solo imposibilitan abrir cajones con comodidad, sino que generan un agobio visual que arruina la experiencia de habitar la cocina.

Imagen | Alberto Torres 

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